OPETH

Posted 29 mar 2012 in Conciertos

A las 19:00 horas, sólo dos terceras partes del Circo Volador estaban ocupadas. Una asistencia muy escasa si se considera la trayectoria y jerarquía de la banda que aquella noche estremecería el antiguo cine de la Viga. Opeth, una banda con más de 20 años de historia, diez LP  y que ha hecho gira con Megadeth y Dream Theater. Una banda que no llenaría seis veces el Palacio de los Deportes, como Metallica lo hará, pero que toca seis veces con más poder, honestidad y calidad musical.

El teatro fue teñido de negro por unos dos mil ñer@s cuya edad en promedio era de 32 años. Muchos vistieron su pecho con amenazantes tipografías de grupos de Death y Thrash metal; esto y el estridente grito que dieron al apagarse las luces, hacía parecer que venían preparados para la batalla del slam y que un remolino arrastraría cientos de cuerpos en cuanto se oyeran los primeros guitarrazos de Opteh. Pero los suecos, desde los primeros tañidos, hechizaron a todos con un brevísimo riff atonal, al que le siguió un silencio hipnótico que duró dos compases de cuatro cuartos; luego otra vez el riff atonal seguido de un silencio igual, velado por unas notas ácidas del teclado.  Eran las notas de “The Devil’s Orchard”, una rola de su más reciente disco. El público quedó casi petrificado. Durante un buen rato el ambiente del concierto parecía el de un recital de la sala Nezahualcoyotl. Y es que los Opeth, apoyados en un muy buen PA, no salieron a dar show, sino a tocar Rock.

Al terminar la primer rola, volvió a escucharse el estridente griterío, que pronto fue apagado por unas notas de cuerdas místicas que acompañaban una voz de melodía melancólica y Soul: las notas de “I Feel The Dark”, también de su más reciente LP, Heritage (2011). Con la siguiente rola algunas cabezas comenzaron a agitarse. A pesar de que sonaba como una balada Blues que bien pudo ser un hit de George Michael, el preciso punch del baterista Axe Axenrot  provocaba la oscilación de cientos de choyas; la oscilación se volvió frenética cuando sonaron lo acordes Hard Rock que golpeaban  cada tres y cinco tiempos; los solos del guitarrista Fredrik Äkeson y el tecladista Joakim Svalberg fueron portentosos: por su composición el primero, por su virtuosismo el segundo. Por fin desapareció aquel ambiente de recital, pues choyas y matas se azotaban violentamente con un riff que fusionaba perfectamente  el estilo rider de Deep Purple y la armonía de King Crimson. Los Opeth enfriaron aquella hoguera con “Harvest”, otra balada, pero ahora no Blues, sino de melodías con una esencia Pinkfloydeana.

El público volvió a su inmóvil trance fascinados por la atmósfera solemne, oscura y sublime de “Windowpane”. Pero al menos en unos trescientos cuerpos se había encendido un fuego que ya no se apagaría hasta el final del toquín. Era inexplicable cómo muchos pudieron permanecer inmóvilmente expectantes casi todo el concierto, ante la impresionante forma de tocar del bataco, quien combinaba un golpe fortísimo con progresiones, sincopas, ritmos complejos y un groove irresistible. Pero las dos últimas rolas sacaron de su letargo a la gran mayoría, sobre todo “Deliverance”, en la que sonaron perfectamente ensamblados atmósferas contrastantes: pasajes de riffs  de 7/8 con esencia de metal kingcrimsoneano y machacante doble bombo; luego un largo silencio en el que aparecía un cristalino arpegio de cuerdas y voz con melodía pop.

Opeth despareció del escenario y el público hizo lo que la liturgia de los conciertos establece para este momento: gritaron como turbina de avión, hasta que el guitarrista, compositor y fundador de esta banda, Mikael Äkerfeldt, salió para pedirles que repitieran con él la palabra “pi-ña-ta”. El público coreo la palabra mexicana unas cuatro o cinco veces, cada vez que el líder da la banda se los pidió. La recompensa a su entusiasta respuesta fue una ráfaga de bataca, al puro estilo Death-blast Metal, que iba al unísono con acordes disonantes como los de Voivod; este devastador riff transitó otra vez por diferentes atmósferas sonoras, que por fin tenían convulsos todos los cuerpos presentes. Al terminar el toquín, el volumen da las charlas de los que salían hacía evidente el entusiasmo que había les contagiado este que deberá ser recordado como uno de los mejores conciertos del año.

OPETH
Marzo 25, 2012
Circo Volador 

Por Miguel A. Cuellar Galván
Fotos: Germán García

Posted by El patas

2 Comments

  1. Oscar
    29 marzo 12, 3:22pm

    Por lo que cuentas, el concierto del Domingo estuvo más apacible que el del día anterior. Me tocó ir a ese y la verdad es que gritamos, cantamos, coreamos y disfrutamos mucho de esta gran banda que, sin una gran producción, en lo personal me dejó boquiabierto.

  2. Sue
    29 marzo 12, 7:09pm

    Esta fué la primera vez que los veo tocar en vivo, y si, superaron mis expectativas, aunque yo fui al concierto del sábado, estuvo igual de bueno la verdad es que son una excelente banda, no necesitan llenar auditorios para demostrar su calidad. : )

Leave A Comment