PAUL MCCARTNEY EN EL ZÓCALO
(Foto: EFE/Str)
SIR PAUL Y LA PROLE O CUANDO EL BARRIO REGRESA A SUS ORÍGENES.
Ayer, mientras presenciaba la presentación animada con la que dio comienzo el concierto de más de tres horas de Paul McCartney, miembro de la realeza británica, intentaba imaginarme las discusiones en los años sesenta entre los fans de The Beatles (lee, por favor “Los Bitles” si eres Bitlemaniaco de abolengo) y de Rolling Stones. Ha sido una discusión que ha trascendido generaciones. ¿Quiénes son más fresas? ¿Quiénes son más banda? ¿Quiénes son mejores músicos? ¿Quiénes tienen más actitud? ¿Quiénes fueron niños pobres y quienes niños ricos? Los que disfrutamos de la música de ambos, sin prejuicios, sabemos que tanto el grupo de Liverpool como el de Londres son grandiosos. Nadie que los escuche con mente abierta y puro amor por la música podría decir lo contrario. En realidad, tras esas discusiones, lo que subyace es la lucha de clases. The Beatles, se dice erróneamente, son para los fresas; mientras que Rolling Stones son para la banda maciza. Ya Lemmy de Motörhead se encargó de aclarar esa situación en su película. Él sabe. Forma parte del panteón (Pan-Theon , todos los dioses) rocker. ¿Quieren saber qué piensa? Búsquenla y véanla.
La cuestión es que el acto de ayer de Sir Paul McCartney tocando gratuitamente en la Plaza de Armas de la Ciudad de México frente a unas 120 mil personas de todas las edades y estratos sociales fue algo completamente inusitado. Ignoro en realidad, aunque me gustaría investigarlo, si el ¼ de The Bealtes cobró por su presentación o no. Queriendo ser romántico, como lo soy, me gustaría creer que no lo hizo y que fue su cariño y gratitud por un pueblo que le ha sido fiel durante ya 50 años (2013 será el aniversario de oro del Please, Please Me) el que lo llevó a tocar sin cobrar. El asombro aumenta si sabemos que FEMSA –Coca-Cola, Jumex, etc.– y OCESA fueron los que pusieron la producción, la iniciativa y la inversión. Ambas son empresas por las que siento seria aversión, pero no por ello voy a dejar de reconocerles la gran labor de ayer. Baste saber eso para callar las voces que dicen: “¡Populismo!” y “¡Pan y circo!”.
La intención de llegar a las ocho de la mañana se quedó en las buenas intenciones y con ello se fue al infierno. Llegamos a las 13:00 hrs. suficientemente temprano como para tener un lugar decente, pero suficientemente tarde como para no estar hasta adelante y en el centro (tengo el placer de haber estado en esa posición en 1993 durante su primera ocasión en México). A esa hora ya habían unas 20 mil personas. La espera fue un suplicio de incomodidad, sol, llovizna y ganas de orinar que se vio amenizado por un gran ambiente de gente cantando, bebiendo chelas en contra de las reglas y, claro, atizándose al más puro estilo sesentero, sin ocultarse, públicamente frente a las miradas atónitas de las señoras sesentonas enamoradas de Paul, padre de todos los hijos de la generación 70’s.
En esas estábamos cuando un rapaz y vil político, aristócrata, desde uno de los balcones del Hotel Majestic (y frente a cuyas puertas había un anuncio de “no hay habitaciones por evento privado”) colgó una manta de su dinosáurico, salinista y engelado candidato presidencial. Arribista. La gente respondió, claro, a la mexicana: Mentándole la madre y repudiándolo, aunque no fue sino hasta que la gente comenzó a gritar el nombre del candidato del pueblo, el de la piel morena, que concluyó que era mejor retirar la manta. A partir de ese momento, todo fue sólo esperar en una especie de semi-hipnosis buscando la inconsciencia para no parir cuetes las restantes 5 horas.
A las 19:30 hrs. comenzó propiamente la primera parte del espectáculo con un DJ británico de nombre desconocido pero de enorme calidad. En lo personal, los covers de The Beatles me generan fuerte rechazo y sin embargo, este caballero lo hacía muy bien. Una especie de Beatles-lounge que puso a cantar a la gente que ya estaba impaciente por cualquier distractor.
Calló el DJ cuando cayó la noche.
En las dos pantallas gigantes (y es que eso fue de lo más impresionante del evento: la producción era total, completa, el escenario, los line-array y las torres de delay de las dimensiones que deben ser) apareció una secuencia de imágenes de las distintas épocas de la vida de Paul McCartney desde su niñez hasta los años ochenta. Una tras otra, a manera de carrusel vertical, aparecieron las efigies de John, de George y, con mucha menos frecuencia, de Ringo (pobre Ringo), Linda, The Wings, fanáticas locas gritando y bailando, Janis Joplin, the Rolling Stones, Jimi Hendrix, los sesentas, aunque sólo lo bello. El mensaje era claro, fuera el odio, adentro el amor y los recuerdos: Life’s a ball.
En las pantallas, las imágenes se transforman en el cosmos cuyas estrellas se reúnen del color de la plata y forman un bajo. El bajo de Paul. “¡Sir Paul, Sir Paul, Sir Paul!” comenzamos 120 mil gargantas a gritar. Las luces se prenden. Aparece Paul en escena y comienzan unas notas desconocidas que son sólo la introducción que prende camuflar… las primeras líneas que dicen: “You say yes!! I say no!! You say stop and I say go, go, go!!!” Y el Zócalo se vuelve absolutamente loco (mientras escribo se vuelven a llenar mis ojos de lágrimas de emoción). A partir de ese momento, la Plaza de la Constitución no callaría las siguientes más de tres horas. El escenario impactaba. Los juegos de luces se veían enmarcados por una pantalla que a su vez se veía traspasada por más luces provenientes de la espalda de la estructura generando un efecto visual mágico y bello. El escenario se incendiaba cromáticamente.
“Junior’s Farm” dio paso “All my Loving”, mientras me preguntaba si Adolfo Fernandez Zepeda, la hubiera anunciado como “Todo mi amor”, dedicada a las mamacitas en este su día, así lo dijo Paul literalmente. La primera canción de The Wings preguntaba: “Oh, Jet you’ll always love me?! Jet!”
“Drive My Car”, la primera canción interpretada por Paul McCartney en tierras mexicanas allá en noviembre de 1993 (nunca lo olvidaré) no podía faltar. “I’m gonna be famous, a star in the screen and you can do something in between!!” La canción del optimista, no tengo nada, no soy nada aún, pero estoy tan seguro del porvenir que comienzo a generar las condiciones en las que lo disfrutaré. “Yes, i’m gonna be a star! And baby I love you!” Paul McCartney lo logró. He went to be a star. Cambió la historia de la música junto con los otros cuatro chicos de Liverpool quienes al momento de reunirse para hacer su banda lejos estaban de imaginar, pues era imposible al nunca haber ocurrido antes, que serían THE BEATLES.
Imposible durante todo el concierto no pensar en mi mejor amigo, El Patas, dueño de este blog, única otra persona en el mundo que he conocido que ama y siente a The Beatles (Los Bitles) como yo. ¿Cómo olvidar los siempre recurrentes: “Es como la rola de los Bitles que dice:_________” cuando nos encontramos con determinadas situaciones en la vida? “The Night Before”, “cántale’sa”, y casi pude oír al Patas decirme hace 9 años tras una aventura fracasada en los barrios de Chicago. ¡Foxy, lady! Es ¡Foxy lady!
Y de súbito: la que para mí es la mejor rola de The Beatles: “Paperback Writer”. “Dear sir or madame, would you read my book? It took me years to write it, would you take a look?” The Beatles tienen una canción para todos y para toda situación en la vida. Por eso llegaron tan lejos en el imaginario colectivo. The Beatles nos hablan a todos sobre cada uno de nosotros. Narran nuestras vidas. Aún las de un joven señor que anhelaba escribir y trascender, aún las de las señoras que no comprenden cómo pueden ser sus hombres tan pervertidos y sucios como para escribir sus fantasías tras la ardua jornada laboral.
En dos ocasiones derramé lágrimas, un extraño efecto que The Beatles parece siempre provocar en su audiencia. En ambas ocasiones la emoción fue demasiado para ser contenida cuando dedicó “Here Today” y “Something” a John y George respectivamente. Sentí odio, odio por Mark David Chapman. Que se pudra. Fuck him. Sentí tristeza al recordar cuando de niño anhelaba y esperaba el momento en que se reunieran los cuatro de nuevo, en los constantes rumores que se hacían al respecto y que eran más producto del inocente deseo que de la realidad. Recordé esos anhelos truncados para siempre con el anuncio del asesinato de una persona buena y bella. “If Jesus Christ is alive and well, then how come John and Elvis are dead?” Declaró alguna vez George Michael. Yo agregaría, a Harrison en el enunciado. Maldito Chapman y maldito cáncer de pulmón.
Los 25 niños que en igual número de años después irían a ser mariachis, mientras aprendían a tocar el guitarrón, el violín y la trompeta, no imaginaban que algún día tocarían “Ob-la-di-Ob-la-da” con Paul McCartney frente a un mar de personas aclamándolos. El director del conjunto de música vernácula mexicana hasta se regresó para volverá estrechar la mano de McCartney y dirigirle una última mirada directa al rostro. Había logrado lo que mucho sólo soñamos: tocar con Los Bitles. Al menos con ¼ de ellos. A él, Patas, sí le hubiera podido cobrar la multa el policía que nos paró aquella vez en el barrio (chiste local).
Imposible hablar de cada canción. Mas allá de la limitante de espacio o tiempo, no puedo continuar con la explosión de descripciones debido al desgaste físico y psicológico que conlleva sentir la adrenalina de nuevo, generada por el mejor concierto que se ha dado en el Zócalo.
Quiero analizar sin embargo lo siguiente. Paul McCartney es Sir Paul. Parte de la nobleza británica. Y ayer, no podía yo sino mirar al público y ver sus rostros con sonrisas, emoción, angustia (una señora sexagenaria de dimensiones voluminosas se abrió paso hasta adelante del escenario a codazos, mientras repetía desesperada: “¡Tengo que llegar, tengo que llegar!”) y ternura. Esas miradas y emociones eran las que sentían miles, decenas de miles de personas que por sus circunstancias económicas no pueden ni podrán nunca soñar con pagar un oneroso boleto para un concierto en México; personas excluidas económicamente, y que, sin embargo, tanto como tú o como yo, como los ricos políticos de los balcones del Majestic, como algunos estudiantes clasistas tal vez de economía o administración que consideran un desperdicio ofrecer un concierto gratuito pues no redunda en ganancia monetaria y critican a quienes lo realizan, siempre desconfiando, siempre ambiciosos; Personas que conforman, pues, la prole despreciada por los hijos de quienes tienen sus casas, sus autos y joyas gracias a al trabajo e impuestos de quienes soslayan, los asalariados, también tienen derecho a ser inmensamente felices. ¡Bien por Sir Paul, que al menos por una noche, regresó a sus orígenes, al barrio!
Set List:
Hello, Goodbye
Junior’s Farm
All My Loving
Jet
Drive My Car
Sing the Changes
The Night Before
Let Me Roll It / Foxy Lady
Paperback Writer
The Long and Winding Road
Nineteen Hundred and Eighty-Five
My Valentine
Maybe I’m Amazed
I’ve Just Seen a Face
Hope of Deliverance
And I Love Her
Blackbird
Here Today
Dance Tonight
Every Night
Mrs. Vandebilt
Eleanor Rigby
Something
Band on the Run
Ob-La-Di, Ob-La-Da
Birthday
Back in the USSR
I’ve Got A Feeling
A Day in the Life / Give Peace A Chance
Let It Be
Live and Let Die
Hey Jude
Encore 1:
Lady Madonna
Day Tripper
Get Back
Encore 2:
Yesterday
Helter Skelter
Golden Slumbers
Carry That Weight / The End
Por Lutz Alexander Keferstein @Ellutzzzo
AQUÍ LAS FOTOS DE TONI FRANÇOIS








Nunca te habia leido, pero te rifaste como el santo, yo ni fui y casi chillo con tu reseña
Para los que no lo pudieron verlo como yo….aqui esta el video de un usuario de youtube con el concierto.
http://www.youtube.com/watch?v=NiCZAnmjYZ8
quien es el autode del libro de “los bitles”
Mágico, Catártico de recordar al leerte se me salieron las de cocodrilo, los que fuimos por un pedacito de historia nos regresamos con el pastel completo GRANDE SIR PAUL!!
Grandiosa reseña, Lutz, grandiosa.
Muy buena reseña, un aplauso!