MOTÖRHEAD EN BERLÍN

Posted 07 dic 2012 in Conciertos

Motörhead, Anthrax y Diaries of a Hero o La vida es mucho más de lo que nos cuentan.

I. Intro.

Hoy, 5 de Diciembre del año en que se acaba el mundo por decreto comercial de los ministerios de turismo del mundo, día en que Motörhead, Anthrax y un buen grupo aún en proceso de lograr consagrarse de nombre Diaries of a Hero tocaron en la ciudad de Berlín, hoy, también es mi cumpleaños

Y he aquí la narrativa…

II. Sensibilidad rockera vs. Voracidad.

Hay una gran diferencia entre los empresarios mexicanos y los alemanes. Los primeros ven el Rock sin respeto y como un mero mecanismo de hacer dinero, e improvisan organizan conciertos a unos precios exorbitantes sin el menor conocimiento del tema, llegando a tomar decisiones atroces en todo tipo de rubros, incluyendo la más básica: la selección de grupos abridores (¿Qué se supone que debo pensar o sentir como fan, como die hard fan de Slayer cuando le abre Descartes a Kant y Resorte? Son buenos ambos pero… ¿¡Con Slayer!?). Los segundos, los empresarios del Rock alemanes, piensan en la gente. Los primeros dividen el público en ricos, clase media, media baja y suicidas que usan la mitad de su salario mensual o más para ver un show de Rock. Boletos de $3,000 (más de un mes de salario mínimo) para los lugares CASI hasta adelante, pues los de REALMENTE adelante son para la familia de Peña-Nieto y otros políticos. Los segundos, en este lado del Atlántico, cobran parejo una cantidad bastante pagable para cualquier alemán aún desempleado: 40 euros (650 pesos, no son nada comparados). En Alemania todos pueden estar en todas las zonas. Hasta adelante llega quien invirtió más horas de su tiempo en esperar, el más fan. Eso lo  justo. Otro ejemplo de voracidad contra Rock: En México, al agotarse los boletos para un show, abren otro, si se agotan nuevamente, abren otro más. Al final, todos sabemos que somos prácticamente los mismos quienes terminamos pagando tres veces por ver idénticos shows. Aquí, si los boletos se agotan, llevan el show a un lugar más grande; si se agotan de nuevo, lo llevan a uno más grande. En otras palabras, por menos dinero, tu experiencia se quedará en tu mente como única y no, posiblemente con excepciones, como un hartazgo disfrazado de fanatismo. Originalmente planeado para hacerse en el Columbia Halle (Salon Columbia –calcula, lector, un lugar del tamaño del Circo Volador), el show DOH, Anthrax, Motörhead, fue trasladado al Hangar 2 del otrora Aeropuerto de Tempelhof, y ante el rotundo éxito en la demanda, se llevó a cabo finalmente en el Velódromo de Berlín.

III. Comienza el show.

De Diaries of a Hero, debo decir que es una buena banda que no está destinada a alcanzar las alturas de sus otros dos compañeros de tour. No se malentiendan estas palabras. El grupo es bueno. Tiene un par de riffs que le hacen a uno rondar la idea de comprar el disco. Pero no es mucho más que eso. No tiene groove. Son afortunados al tiempo que desdichados al compartir escenario con dos monstruos del Rock y el Metal miles de gentes los conocerán, pero todos los olvidaremos. Técnicos, pesados, pero nada del otro mundo.

Anthrax por su parte es uno de los Cuatro Grandes del Thrash. Cualquiera que esté leyendo el blog del Patas.Net tiene que saber lo que eso significa. Anthrax es una obligación dentro del Metal. Clásicos, contundentes, carismáticos, críticos. El Velódromo reventaba y le corroboraba a la comunidad internacional que el Metal es música de muchos tornillos y pocas tuercas. La proporción nunca es mayor a 1/20. Eso sí, la calidad de la tuerca alemana es enorme y por momentos compensa.

Suenan unas notas… ¡¿Qué es eso?!Caught in a Mosh”! La tradicional manera de abrir de Anthrax. Joey Belladona nos informa: Berlin,you gotta be wild tonight, there are cameras all over and we’re filming the next Live DVD!! El Velódromo, a partir de ese instante se vuelve una verdadera casa de locos. “Fight’em ‘Till You Can’t” suena y siento que es una respuesta, una orden que se me hace en mi lucha contra los eternos espectros de la injusticia que, real o no, todos llegamos a sentir en nuestra vida. El espectro de Trust se hace presente y Berlín canta An-ti-so-cial!! Para después comenzar a correr y bailar en círculo en la danza de la guerra, Wardance! Cry for the indians, die for the Indians! Los golpes se ponen en primer orden y los alemanes, con todo y su tradicional flema y frialdad, le muestran a Anthrax que también saben hacer slam y mosh. El vuelo de los cuerpos no para y los miembros del equipo de seguridad no deja de recibirlos a l@s clavadistas. Mujeres lanzándose sin parar, me permiten notar que también en Alemania hay ñeros que aprovechan el stage diving para meterles mano sin parar en glúteos de indescriptible calidad y altos valores estéticos. Aparecen los rostros de Ronnie James Dio y Dimebag Darrell en unas mantas muy sencillas. Nada de luces, nada de pantallas gigantes, metal y rock a la antigua: “In the End” dedicada a los dos músicos que se han ido ya, pero que han quedado en la mente de muchos como símbolos de quien vive y muere en el rock. Belladona se viste con una playera que dice simplemente: Dio. El pasado no deja de hacerse presente en la vida. La memoria no nos deja y nos advierten de un viaje al primer álbum, a la primera canción de Anthrax en su historia, un viaje en motocicleta hacia la muerte: “Deathrider”!! Berlín de desata, pierde la razón y eso permite que cantemos todos a coro en “Madhouse”: Trapped, in this nightmare, I wish I’d wake as my whole life begins to shake! Four walls around me (…) It’s a Madhouse! Or so they say! It’s a madhouse!! Am I insane?! Belladona presenta el intro de bajo de Frank Bello y comienza el tiempo a tocar nuestras cabezas, un tiempo que siempre está aquí, el eterno tiempo que nos trajo a este mundo y que  nos lleva al destino final, al destino por todos conocido, “Got the time”, ticking in my head (cover de Joe Jackson). La siguiente canción, del nuevo álbum, me llevó a evocar la gran película de Lars Von Trier, El Anticristo, cualquiera que haya comprendido como operan las relaciones amorosas entre hombres y mujeres (sólo entre hombres y mujeres) entenderá el por qué; la canción era “The Devil You Know”: “Another right that I made wrong. Another I don’t belong. Of all the thing I said that stick, nothing good can ever come of this (…) You bastard, let the right one in, you got to go with the devil you know”. Finalmente, un himno del Metal, “I Am the Law”, cerró el segundo acto. Lo mejor estaba por venir y de qué manera…

IV. El Rock y la vida.

Quien haya creído el tradicional discurso y esté seguro de que “sólo se nace y se muere una vez en la vida” aún no ha comenzado a vivir. Mucho menos ha comenzado a comprender de lo que trata la vida, pues la vida es acción consciente y la consciencia es producto de la comprensión. No, no se nace una vez. Se nace cada vez que la vida nos lleva por un nuevo rumbo insospechado. Se nace cada vez que la vida cambia y ésta lo hace en cualquier momento. La mía comenzó justamente hace 38 años. 38 vueltas al sol. Pero me ha hecho nacer muchas más veces que una. A los cuatro años tuve consciencia de KISS, Janis, Hendrix y Sabbath. Me enseñaron mis padres que eso se llamaba Rock. A los 14 supe en la secundaria que quienes escuchaban lo que yo, eran nombrados “metaleros” y adquirí consciencia de identidad de pertenencia voluntaria. Ese mismo año fui a mi primer concierto, conocí a los amigos que hasta hoy sigo teniendo, me dejé el cabello largo (15 años después lo perdí por completo).  A mis 38 he ido a más conciertos de Rock de los que alguna vez hubiera podido pensar en mi adolescencia, infinitamente más. Sin embargo, hasta hoy, justo hasta hoy, presencié un grupo de Rock, de la música que amo, de la que me dijo quién era yo, de la que me ha ayudado a salvar obstáculos y resistir tristezas, depresiones y opresiones. No, no es contradicción. Hoy conocí por primera vez el Rock, encarnado, hecho humano. Nunca hasta hoy había presenciado una banda de Rock, de Rock como debe de ser: sucio, directo, sin la menor pretensión, fuerte, muy fuerte, rasposo, unos cuantos acordes sin complicación, sin mayores luces que las necesarias para ver a los músicos, pantalones vaqueros, un bajo Rickenbacker. No, el Rock –y sé que sonará a blasfemia– no es Black Sabbath, con todo y su alineación original, lo digo porque también los viví en 1998 en Inglaterra. Hoy conocí el Rock y entendí que el Rock es Motörhead y que sí, efectivamente, Lemmy is God.

Sin preámbulos, anuncios, imágenes, Lemmy sale de las bambalinas frente a la ovación general de jóvenes, adultos y, sí, cualquier cantidad de ancianos que han vivido y siguen viviendo en el Rock. Se para frente al escenario, completamente de negro: camisa, vaqueros, botas, sombrero y su cruz de hierro bismarckeana. Saluda a una audiencia que aguarda completamente en silencio cuando comienza a hablar diciendo: This is our first time ever in Berlin (increíble), we are Motörhead, and we play rock & roll!  Los amplificadores suenan, crujen a un volumen que bajo otras condiciones sería insoportable. No se entiende nada de lo que Lemmy canta, pues no producen su voz. Su voz rasposa, de borracho empedernido, su voz de un hombre que a los 67 años impone con su llana presencia. No hay “¡hey, hey, hey!”, no hay Deutschand! Deutschland! Hay “I Know How to Die” y siento en el pecho algo que no sentía desde hace 33 años al escuchar por primera vez acordes rockanrolleros. Siento el pecho lleno de música y la cabeza queriendo moverse a su cadencia. Escuchando los simples pero, precisamente por eso, absolutamente contundentes compases de la guitarra de Phil Campbell, viene a mi mente una idea que me repetiré a lo largo de dos horas una y otra vez lleno de la sorpresa que se siente cuando se comprende algo de manera profunda: “Esto es Rock. No había visto nunca una banda de Rock. No puedo creerlo. No sabía nada hasta hoy. Esto es Rock”. “Damage Case” lo corrobora. No es necesario tocar decenas de progresiones matemáticas estériles para ser total, para llenar el espacio. No hay compases complicados, no hay tresillos ni síncopas. El rock, el buen rock, es el hidrógeno del universo musical: básico, pero lo llena y conlleva todo. “Stay Clean”. ¡Qué canción! Directa y al grano: “I can tell, seen before. I know the way, I know the law. I can’t believe, I can’t obey, I can’t agree with all the things that they say. Oh no, don’t ask me why, I can’t go on with all the filthy white lies. Stay Clean!!”. El estribillo es brutal y esto apenas comienza. The next song is “Metropolis”, anuncia Lemmy. Los cuerpos bailan y se retuercen, se acarician en una danza orgiástica llena de sudor, carnes y cervezas. ¿Los alemanes bailando? ¿Los alemanes con cadencia moviendo la cabeza al tiempo correcto? Lemmy is God, efectivamente. Phil Campbell anuncia: “This next song is one of my favorites, it is a very good song, a really good song”: “Over the top”! ¿Cómo no lo va a ser si su solo de guitarra nos lleva de regreso al origen de todo, al Blues duro y rápido de la década de los 50? “Doctor Rock”. All right! All right! No hay tiempo para el escepticismo. Solo de guitarra. La violencia amorosa del rocker sigue abajo entre los espectadores. Solo se ven sonrisas y éxtasis en los rostros de decenas de miles de personas que ocupan el mismo lugar en el espacio. ¡La física newtoniana qué sabe de Rock! “The Chase is Better Than the Catch”. Eso es algo que no se puede negar. Es la verdad de lo que no tiene pelos en la lengua, aunque tenga dos enormes verrugas, destinadas a convertirse en reliquias, en el rostro. A little beauty, I love you madly. Come on home with me. I know you’re hot, I know what you’ve got, you know I want to shake your tree, Come on honey, touch me right there, come on honey, don’t you get scared, come on honey, let me get you in the sack. You know The Chase Is Better Than The Catch”.  “Rock It”. “You  Better Run”. Lemmy nos recuerda: This is our first time in Berlin ever, but we will comeback. Do you remember what happened long time ago in 1916? (la 1a. Guerra Mundial cuando Inglaterra y Alemania eran enemigos a muerte). Comienza el intro de batería de Mikkey Dee de “The One to Sing the Blues”, una de mis favoritas. El alemán enano detrás de mí se pone como loco. Comienza a golpearnos a todos a puñetazos, algunos directos al rostro de quien estaba a mi lado. No lo hace con mala sangre, simplemente se ha vuelto loco. Con todo, la gente pide su cabeza y los de seguridad lo sacan en un santiamén, todo al compás del bajo de Lemmy y la guitarra de Campbell que no dejan de tocar un solo instante. Lemmy y Campbell hablan con el público y con personas del público en particular, como si estuvieran en el Rainbow de L.A. les dicen, “Hey, man, you’re really on”, “I saw you, man, you’re crazy”, “Hey, that’s a cool Brazilian flag. Are you from Brazil? Then, this song is dedicated to you”. “Going to Brazil”. Estoy pasmado. ¿Cuándo y  quiénes tienen contacto así con el auditorio? Nadie y nunca. Es como si de verdad nos reconocieran, más allá de los clichés que todas las bandas usan (You rule! You are the best crowd! There is no place like ________ [ponga su ciudad aquí]). Te ven y dicen algo de lo que vieron que hacías. Se acercan y dan las plumillas de manera personalizada. “Killed by Death”. This is the last song for tonight, anuncia Lemmy frente al rechazo popular a tal declaración. Y entonces ocurre: Escucho en vivo “Ace of Spades”. Cientos de imágenes vienen a mi cabeza, fiestas en la casa de Fernando Benitez donde Pancho Anarchus no dejaba de poner la rola una y otra vez, cantando abrazado con los Makina, con el Patas, con Eddie Rock, Jeff Bloodsoaked y, sí, hasta los de Sepultura también el día de mi cumpleaños pero de hace justo 21 años,You know I’m born to lose, and gambling’s for fools, But that’s the way I like it baby, I don’t wanna live forever!”. Vivir, vivir, qué cosa tan fuerte es vivir…

V. Epílogo.

El escenario se vacía. No dejamos de gritar. Queremos más. Faltan muchísimas.

Regresan. Pero no regresan solos. Regresan con las cuerdas de Anthrax. Comienza el encore: Kilmister, Campbell, Bello y Scott Ian tocando: “Overkill”. No se necesita explicar más.

El concierto termina. Hoy, sí, conocí el Rock profundamente y por primera vez. Pero la vida continúa y  esto quedará en mi mente como un momento epifánico, de revelación. ¿Qué más me traerá en los años que me siguen? Más tristezas, decepciones amorosas, traiciones activas y pasivas, abandonos y desesperación. Sin duda. Pero también eternos amigos que allí están siempre. Nuevos amores y  nuevos cuerpos, o tal vez los viejos regresen y decidan esta vez quedarse para siempre. Libertad y responsabilidad. Cosas deseables y desagradables. Sin duda así es la vida. Y en cada una de esas experiencias, lo que siempre ha estado y me acompañará hasta que la tierra continúe dado vueltas al sol sin mí: el Rock, por siempre el Rock.

Texto: Lutz Alexander Keferstein @Ellutzzzo
Fotos: Lutz, AnthraxFB 

Posted by El patas

2 Comments

  1. Ian Sánchez
    07 diciembre 12, 1:23pm

    Enorme y conmovedora reseña. Muchas felicidades por tu cumpleaños y que envidia!! Aquí en México aún no hemos vivido. . .

  2. 02 mayo 13, 5:14pm

    [...] mexicanos tener en UN mismo festival a Motorhead -la banda más rockera que he visto en mi vida-: http://www.elpatas.net/17215-motorhead-en-berlin/ , Anthrax, Testament y Suicidal Tendencies (una de las deudas históricas a las que me refiero) en [...]

Leave A Comment