RIFFEMÉRIDE: BEATLES, COLLINS
El día de hoy en 1965 hay un gran alboroto en el Palacio de Buckingham. No se trata de una manifestación para pedir pan ni para pelear por los derechos de las mujeres al voto, se trata de la condecoración de los Beatles con la orden de Miembros del Imperio Británico (o MBE).
La distinción les es otorgada por su contribución a la economía del país (¡y vaya que estaban contribuyendo! Si a cada álbum que lanzaban vendían millones de copias y ese imperio británico que los condecoraba les cobraba jugosos impuestos). Así que el cuarteto de peludos asistió al Palacio donde un guardia de la Reina les dio todas las instrucciones pertinentes; no debían darle la espalda nunca, debían aproximarse a ella de cierta manera, etc.
Los Beatles estaban tan nerviosos por conocer a la Reina que tuvieron que ir al baño a fumar para relajarse. Y aquí es donde la historia se tuerce un poco porque John afirma que se fumaron un churro de mota, mientras que Paul y George niegan que fuera mota, sino que era un cigarro común y corriente. Al preguntársele a Ringo sobre la verdad, respondió: “estaba demasiado pacheco para recordarlo”.
Por supuesto la realeza británica y los militares de alto rango pusieron el grito en el cielo, aduciendo que era una ofensa que los pusieran al mismo nivel que unos cantantes pop. El grueso de la gente estaba de acuerdo con la condecoración pues consideraban que el grupo había sacado al país de la pobreza y la tristeza de la posguerra haciéndolos bailar al ritmo de sus canciones.
¿Qué significaba ser Miembro del Imperio Británico? (bueno, ¿dónde carajos se ubica el “Imperio” Británico?). Pues poca cosa realmente. Era una medallita colgada de un hilito de cáñamo, les pagaban una especie de salario risible y además tenían derecho a entrar en la catedral de St. Paul gratis (la admisión costaba 5 chelines).
Años después John Lennon regresaría la medalla en protesta por el apoyo de las tropas británicas a la guerra emprendida por Estados Unidos en Vietnam (ah, y por la caída su sencillo “Cold Turkey” en las listas de popularidad, ¡en serio!).
También hoy cumple 60 años uno de los bajistas más importantes del Funk, el extravagante Bootsy Collins. Al lado de su hermano, Catfish Collins formó una de las primeras bandas Funk sobre la tierra, The Pacemakers. Algunos años después todos los músicos de James Brown le echaron montón pues no les gustaba a manera en que eran tratados. Brown en lugar de sentirse amenazado y ceder ante sus presiones, los corrió a todos y decidió contratar a los Pacemakers como su banda, cambiando de nombre a los JB’s. Con esta alineación grabaría muchos de sus más salvajes funks como “Get Up (I Feel Like Being a) Sex Machine”, “Super Bad”, “Soul Power”, “Talkin’ Loud and Sayin’ Nothing” y más.
Sin embargo Bootsy y sus secuaces no duraron mucho en la banda, apenas 11 meses. La suerte quiso que se cruzaran en el camino de Mallia Franklin quien los presentó con George Clinton. Es así que Bootsy y Catfish pronto pasaron a formar parte de Funkadelic y Parliament.. Bootsy también creo su propia banda a la par de sus quehaceres con Clinton, la Bootsy’s Rubber Band. Las colaboraciones de Bootsy abarcan todos los estilos y cantantes de la más diversa índole, desde Bill Laswell hasta Illya Kuryaki, Fatboy Slim y Deee-Lite. Además de su detreza musical, Bootsy destacó por su estrafalaria vestimenta que incluía bajos modificados de locas formas, gafas brillantes y botas altísimas.
Celebremos a uno de los grandes artífices del groove y el Funk.








