SARA MÁS AMARÁS

Posted 16 feb 2012 in Libros


¿Por qué serás tú tan como yo te quiero?

Conversación con José María Arreola

En los tiempos en los que —sugiere José María Arreola— el e-mail ya resulta arcaico, la correspondencia atesorada de un escritor puede alimentar bálsamos, liberar o desconcertarnos. En esta charla con Chema Arreola, nos sumergimos en el río de Sara Sánchez, su abuela; la mujer discreta que optó por guardar distancia de aquellos cuadros en los que Arreola figuró; sobre todo en la época en la que se encontró más activo públicamente. Pero, a diferencia del papel de las musas pasivas que suelen sugerir ciertas narrativas epistolares, a la luz del crisol, Sarita fue río, y con ese ritmo manan sus recuerdos en las letras de Juan José Arreola (y en la propia narrativa de Sara Sánchez), hoy publicadas bajo el sello editorial de Joaquín Mortiz, con la asistencia editorial de Carmina Rufrancos.

Hay amores que se definen a través de la comprensión y la sinceridad de las misivas; que van forjando un bien querer; de esos de cuando “miradas y palabras sellaban pactos”, la amistad en los remansos… aunque, palabras más, palabras menos, “de una carta no queda uno nunca satisfecho”, porque las letras, sí sinceras, sí cotidianas, también guardan humores. Ciertas veces, se frustran por no retratar todo aquello que está dentro del corazón; otras, quienes se arrepienten son los autores. Se enojan, devuelven, queman, hurtan a escondidas fragmentos de su memoria o convergen en negociaciones:

A mi abuelo —nos cuenta Chema, de pronto, le entraba la loquera o algún rollo, ahí, ideático y, entonces, se topaba a mi abuela en el pasillo y le decía: “oye, pues te doy 2 mil pesos por las cartas”… Y las volvía a recuperar, y así se las iban pasando.

… Hasta que, un día, los vestigios del amor familiar y de pareja fueron expuestos, de mano de Sara Sánchez a sus nietos, José María y Alonso, desde el confesionario familiar: la cocina, el sitio elegido para chocolatear, como narra la, a veces adusta, excuso escribir, pero dicharachera Sarita. Aquella noche, Sara Sánchez, sin imaginarlo, estaría amalgamando un cosmos al entregar un huso a José María y Alonso, sus nietos, quienes urdieron la trama. A pesar de que, en principio, fueron reticentes:

Yo no estaba tan seguro —si te confieso— de hacerlo, porque me parecía el territorio de lo privado; me costó trabajo, pero era una forma de mis tías de recordar a su mamá y ponerla en otro plano. Poco a poco, me fui enamorando del proyecto; hay muchas cartas que no tienen un valor literario, otras sí, y había que hacerles una historia, una cosa de tres ríos. El libro es una historia de mi abuelita de mucho amor y de mucho aguante… y de mucha fe en mi abuelo. Hay una onda de: “a ver, no perteneces aquí, al pueblo [Zapotlán], no puedes estar quieto; apoyemos. Estemos”. Me gustó descubrirlo.

Mientras el noble ‘señor Río’ (el rey del hogar) saluda por debajo de la mesa, desde el balcón, Chema Arreola menciona que la última carta que él escribió fue a Maricarmen, su esposa, hace 12 o 13 años, pero ya no recuerda lo que se siente. No conservó la costumbre epistolar de los abuelos; sin embargo, le gustan los libros de cartas (a la mesa viene el recuerdo de la correspondencia entre Alfonso Reyes y Octavio Paz; entre Rulfo y Clarita, entre Sabines y Chepita) y reconoce que Sara Más Amarás es un libro de amor (en el que muchos podrán espejearse, como en el palíndromo titular), que también puede interesarle a los lectores de Arreola “para que conozcan parte de su desarrollo como escritor”, sus procesos creativos (específicamente de la novela La Feria) y sus amistades con Pedro Henríquez Ureña, Antonio Alatorre, Rulfo, entre otros, pero admite que, también, puede resultar “devastador para los que no les guste conocer la parte temperamental”: cómo Arreola vivió con culpa la construcción de su proyecto literario, lejos de la familia. En casas vacías.

Hay, así, una parte de la memoria que es selección, una travesía que implica supresión y recuperación. Hay memorias fuera de lo común, otras que no quieren acabarse y en las que se encuentra a la familia verdadera. En ese proceso, comenta Chema:

Alonso se encargó de la edición, las entrevistas yo empecé a crear el texto; luego, él editaba, aumentaba, pero partió de ese trabajo de irse a entrevistar a mis tías Fuensanta y Claudia para dar contexto a las cartas… y, desde luego, al ir leyendo las cartas, vas descubriendo… Sí me topé con cosas interesantes de la familia que no conocía. Consultamos mucho con mis tías, de “a ver, sentémonos porque esta parte está un poco heavy”…y al final dejaron muchas cosas como iban. Tuvieron ese valor. Con expectativas y con miedo. Están todas las cartas… hay alguna que quedó fuera por cuestiones ilegibles; otra que estaba como cercenada, por ahí, pero está lo más importante de ese archivo.

Un archivo que transitó por correo postal y de mano en mano, por entregas internas entre la familia que viajaba por Manzanillo, D.F., y Tamazula. A través del proceso editorial, que duró un año, los Arreola encontraron sorpresas, como las cartas de Helena Arreola, hermana de Juan José:

… ésa es la parte que más me deslumbró en el proceso: ver que mi tía Helena escribía increíble. ¡Los consejos literarios que le da a mi abuelo!… Por ahí le dice: si sigues estos preceptos, es posible que llegues a tener una plumita decente…

Luego, de mi bisabuelo… empiezo a leer su relación con mi abuelo y veo que usaban heterónimos Leo, Tartufo, Eduardo Hoisel y la chingada; ¡todos en esa parte de la familia escribían! Sabían contar, no es exclusivo de esta familia, había tendencias, desde luego. La comunicación era muy diferente. Me sorprendió ver cómo era mi bisabuelo, cómo se llevaba con mi abuelo. Yo tenía una imagen más estricta de él, y resulta un tipo muy bueno, aventado, medio locochón, y que se llevaba re bien con mi abuelo, y entendía muy bien lo que estaba haciendo… A cada rato algo nos sorprendía, hasta de gente que ni sabíamos que existía.

Si bien, los Arreola erigieron una casa para las cartas de Juan José y Sarita, Sara Más Amarás seguirá su curso, sosteniéndose por el autor, pero los hermanos piensan que habrá otra presentación en la que participarán (la primera fue en la FIL de Guadalajara) del libro en la ciudad de México:

No hemos pensado en nada. Guadalajara fue el gran tiro… pero espero una presentación faramallosa. Seguramente, será tocar. Tiene que tener una cosa divertida.

Mientras tanto, los hermanos se presentarán en Austin, Texas, en el SXSW Festival. Las últimas entregas musicales de Alonso pueden escucharse a través de un donativo para la asociación Ser Humano A.C., de niños con VIH, desde el sitio http://www.alonsoarreola.com; por su parte, Chema pronto dará noticias literarias, ha estado escribiendo muchos cuentos para un proyecto que tiene que ver con libros y música:

… Musicalmente, no me interesa acercarme a la obra de mi abuelo. Ha estado muy bien cuando nos lo han pedido, juntar a los amigos. Lo del homenaje mi abuelo — en Casa del Lago, en 2009— se quedó como un espectáculo que se puede repetir, y me gusta, por supuesto, pero ponernos en torno a la obra no es la onda.

Por Zazil Collins

Posted by El patas

Leave A Comment