Reseñas

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THE NIGHT OF THE LIVING DEATH
José Cuervo Salón
Diciembre 13, 2011
(Fotos: Toni François)

En un cabalístico día se llevó a cabo este polémico minifestival. Polémico por las bandas que lo integraron, las cuales a decir de los fans están en corrientes e ideologías opuestas. Nada más lejos de la realidad, pues si algo tienen en común las tres bandas es un estilo bestial, más allá de que cada estilo tenga sus fans. Lo cierto es que cada banda había traído a sus propios fieles.

Comenzaron las hostilidades los furiosos Black Dahlia Murder, después de una intro tenebrosa, el sonido de la batería con triggers nos avisó que estábamos ante una veloz y estridente banda. Todos los integrantes eran pelocorto, sólo el guitarrista tenía mata, pero eso no les impedía rasgar las guitarras con unos riffs poderosos y cortantes. Cientos de manos le hacían segunda al tatuado cantante Trevor Strnad, quien pasaba de una voz de monstruo a voz de bruja maléfica. En la batería, Shannon Lucas imprimía gran velocidad con su doble bombo y sus blast beats (que en nuestros tiempos le llamaban grind, pero bueno), ritmos taladrantes como rotomartillos. Aunque en su sonido tienen muchas características del Death Metal, en actitud tienen una esencia muy hardcorera, parecen un híbrido de Napalm Death, Malevolent Creation, In Flames y The Haunted. El bajista tiene un aspecto súper fresa y se parece a John Taylor de Duran Duran, trae un copete que ya quisiera Peña Nieto. En algún momento George Fischer de Cannibal Corpse sale al escenario con ellos llevando una máscara de gorila, con la que se pone a payasear. El público se compone en su mayoría de jóvenes, hay algunos que rebasan los 30 también, y la mayoría de las chicas trae playera de Suicide Silence (lo cual da mucho gusto, podrían ser fans de Justin Bieber). Algún bravucón en el público se puso a insultar a los Black Dahlia y el guitarrista y el vocalista lo invitaban a subir al escenario a que los siguiera insultando. Por supuesto no sucedió (aunque cuando terminaron, lo fueron a buscar, lo encontraron y le dieron unos coscorrones). Se escuchan gritos de “Cannibal, Cannibal”, pero aun no terminan. “What a Horrible Night to Have a Curse” es su tema más ovacionado y desata el primer slam de la noche. Terminan su set, el vocalista se pone sus lentes de gafapasta, se transforma en un nerd tatuado sin playera y se van.

Una segunda batería es arrastrada en una tarima al centro del escenario. El baterista de Suicide Silence se coloca tras los tambores y pasa muchos desesperantes minutos haciendo prueba de sonido de cada tambor y platillos. Cuando termina finalmente lanza su introducción pregrabada y aparecen los demás integrantes de la banda. Caso contrario, todos tienen mata menos el vocalista, quien asemeja una gigantesca mantis religiosa mezclada con Perry Farrell, lleno de tatuajes hasta el cuello. La gente corea con todo “Wake Up”. Su sonido es descomunal, super grave, el pad que simula un bajo que trae el baterista golpea como patada de elefante en el pecho. A pesar de que el cantante no suena nada como en sus álbumes (en donde tiene una gran ayuda de producción, doblaje de voz grave y por supuesto mil compresores con ecualización), estaba haciendo un gran trabajo conectando con la gente. No paraba de saltar y moverse por todos lados, mientras los guitarristas lo flanqueaban y movían sus matas, casi de manera sincronizada. Cuando se dirige al público, la voz de Mitch Lucker se asemeja muchísimo a la de Phil Anselmo. Estrenan una nueva canción y Lucker convoca al público a que haga slam (“hagan que su dinero valga la pena de haber sido gastado” dijo). Los asistentes responden creando un remolino masivo que casi abarca toda la parte central del lugar, muchas narices sangran, el sudor se esparce como agua de un aspersor. Debe decirse que luego de un rato, el estilo de Suicide Silence se vuelve un tanto repetitivo de la misma formula en todas las canciones: parte rápida-blast, parte lentotota-groove con un uso indiscriminado del pad-bajo. Sin embargo el público estaba encantado con la banda, los más jóvenes sobre todo, quienes hacían headbanging, gritaban y las chicas no paraban de brincar emocionadas. Gran actuación de esta banda.

Mientras sale la banda, se hacen más fuertes los gritos de “Cannibal, Cannibal” (que parece que dicen “Animal”, “Animal”). Cuando se alza al fondo del escenario la enorme manta con el logo de Cannibal Corpse, el lugar estalla en una enorme ovación. Una ¡tercera! batería aparece en el escenario (debió llamarse La Noche de los Bateristas Mamones). Cannibal Corpse aparece en el escenario con un sonido demoledor, demencial, carnicero. La mata de George “Corpsegrinder” Fisher (a quien pudimos ver en 1993 en México al frente de Monstrosity) giraba como un molino. Nos asestaban los brutales golpes de “I Cum Blood”, “Fucked With a Knife” y “Covered With Sores”, la pura enfermedad. Una chica estaba subida sobre los hombros de alguien más y movía la mata furiosamente al igual que Fisher, inaugurando así la modalidad de “headbanging de dos pisos”. La voz de George era increíble, como un monstruo que se hubiera comido a otro monstruo. El arbusto humano, Alex Webster, ha estado empuñando el bajo desde la formación de la banda a finales de los 80, su rubia mata es casi la misma que cuando los vimos en la Arena López Mateos, junto a Pestilence, dos noches en Noviembre de 1991. Le seguirían “Born in a Casket”, “Pit of Zombies” con la que se armaría un descomunal mosh pit, “The Wretched Spawn” y “I Will Kill You” con la que parecía que se le iba a zafar la cabeza a Fisher (incluso quienes lo han visto de cerca dicen que tiene estrías en el cuello). Así seguirían rola tras rola devastando el Salón Cuervo. Hacia el final del show invitaron al cantante de Black Dahlia para cerrar con “Hammer Smashed Face” y “Stripped, Raped and Strangled”.

Sin duda Eyescream Productions cerró un excelente año de conciertos con uno de los shows más brutales que se presentaron en el 2011.

Más fotos de THE NIGHT OF THE LIVING DEATH en Tono.Tv
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RODRIGO & GABRIELA
El Plaza Condesa
Diciembre 6, 2011
(Fotos: Fernando Aceves)

Una vez más los mexicanos más destacados en el ámbito musical mundial, quizás al mismo nivel o más que Carlos Santana a estas alturas, Rodrigo & Gabriela, regresaron a su país de origen para realizar una serie de conciertos como cierre de la gira que comenzó hace ya dos años y medio con su álbum 11:11.

Después de un par de rolas, Rodrigo toma el micrófono y explica para quienes no los conocen que son chilangos, y tenían una banda metalera cuando vivían aquí en los 90, (Rodrigo con Castlow y después con Gabriela en Tierra Ácida), pero que la banda valió madres, porque “así de chida estaba la banda”. Las canciones siguen, en ellas se mezclan elementos del Funk, de la música mediterránea, suenan “Chac Mool”, “Hora Zero”, “Triveni” con un final a velocidad casi Speed Metal, la cual se llevó una gran ovación. Hasta el momento cada canción había estado enmarcada por varias imágenes de la pintora Remedios Varo, pero eso cambió cuando interpretaron “11:11” la cual estuvo acompañada con una alucinante imagen creada por Alex Grey, la cual fue aumentando de tamaño hasta abarcar toda la pantalla detrás de ellos, un rostro con ojos de constelación galáctica que se contraponía con imágenes de ellos y nos transportaban de la mano de las notas de sus guitarras en esta pieza que homenajea a Pink Floyd. Uno los ve ahí y la maestría con la que dominan sus guitarras acústicas (bueno, electroacústicas en realidad pues le meten varios efectos), y piensa en las posibilidades de lo que harían con unas eléctricas. En realidad podrían tomar el camino “fácil”, empuñar unas guitarras eléctricas y armar una banda de Rock más convencional. Sin embargo ¿para qué querrían hacerlo?, han construido su propio estilo, son originales, es lo más difícil de lograr en cualquier proyecto artístico, ellos lo tienen. Además justo ya pasaron por ello cuando vivían en México y no sucedió nada, ni los satisfizo a nivel creativo ni personal. Estaría bueno, como mera curiosidad pero no para hacer un cambio definitivo. Todo eso viene a colación porque durante el solo de Rodrigo, el hombre nos dejó ver que no olvida su pasado metalero incluyendo fragmentos de canciones como “Ride the Lightning” de Metallica, “South of Heaven” de Slayer, “Holy Wars” de Megadeth y hasta “Sweet Child O’ Mine” de Guns N’ Roses, con la cual la gente hasta se prendió aun más. Luego llegaría “Savitri” donde Rodrigo se embarcaría en la imposible misión de poner a aplaudir a diferentes tiempos a el público más arrítmico del planeta entero. Lo intentaron pero como siempre todo se escuchaba como aguacero de Agosto. Le seguiría “Logos” y luego el solo de Gabriela, que fue mucho más inclinado haca lo percusivo, haciendo gala de la impactante destreza de su mano derecha. Así escucharíamos “Juan Loco”, percusiva, con sus destellos de distorsión hacia el final en un frenesí metalero con headbanging y todo. Le daban paso al “Diablo Rojo” con cierto sabor vudú, cubano, ibérico, una fusión de estilos. Se despiden de la gira de 11:11, Rodrigo parece ya querer cerrar el ciclo y es algo radical, se despiden de todo su staff, saludan a los amigos y parientes. Y después de la intro de “Battery” de Metallica, cierran a gira y la noche con “Tamacun” ante una gran ovación del público asistente. Antes de irse anunciaron la salida del próximo álbum en el que tocan con una banda de músicos cubanos, “lo cual no quiere decir que esa sea la próxima dirección”, puesto que se rumora que lo que está por venir tendrá un poco o mucho más de raíces en el Rock. Ya veremos qué resulta.

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PEARL JAM
Noviembre 24, 2011
Foro Sol
(Texto: Jossandy Marlene)
(Fotos: Salvador Bonilla)

El 24 de noviembre, sin duda quedará plasmado en el corazón de todos los que tuvimos la oportunidad de estar presentes en el Foro Sol de la Ciudad de México. Pearl Jam nos visitó nuevamente, así decidieron concluir su gira sudamericana y postularse en uno de los mejores conciertos de este año.

La banda californiana X (aunque en los 90 también existía una banda con el mismo nombre en Guadalajara – ed) fue encargada de abrir, los asistentes respondieron bastante bien a pesar de la poca popularidad que tienen en nuestro país, todos se mostraban ansiosos, la espera nos volvía locos una vez más. De pronto el vocalista Exene Cervenka invita a subirse al escenario a un tipo enmascarado, los gritos comenzaron y Eddie Vedder se quita la máscara del Santo para interpretar “Devill Doll”, así fue como calentamos motores con la presencia anticipada del frontman de Pearl Jam.

Pearl Jam hizo sonar los primeros acordes en punto de las 9:24 con “Release”; así fue como el foro se impregnó de nostalgia, “Last Exit” fue el segundo tema y Eddie nos transmitía esa energía que lo caracteriza. México, era sin duda el lugar perfecto para cerrar la gira y así poder festejar dos décadas de existencia, un foro iluminado por más cincuenta mil encendedores y hasta una lluvia de vasos de cerveza, fue nuestra manera de agradecer por tomarnos en cuenta y visitar por tercera ocasión nuestro país.

Un setlist poco común, que incluyó casi en su totalidad el disco Ten, canciones como “Indifference”, “Leash”, “Off He Goes”, “Spin the Black Circle” y “Just Breathe” marcaron la noche.

Eddie preguntó varias veces en español cómo nos encontrábamos, ya que para él la seguridad en los conciertos se volvió indispensable después de la tragedia ocurrida en el Festival Roskilde en el 2000. Más de dos horas de una entrega total por parte de Pearl Jam y un público totalmente agradecido, lleno de emotividad después de escuchar “Just Breathe” tema que Eddie dedica a unos amigos recién casados y a todo aquel que estuviese enamorado.

Ya para terminar, en el segundo encore pudimos escuchar “Olé”, seguida de “Last Kiss” (cover de Wayne Cochran), “Leash”, “Alive”, “Rockin’ in the Free World” (la clásica de Neil Young)  junto con la banda X,”Indifference” y “Yellow Led Better”. Una voz inigualable, llena de energía a pesar del paso de los años, solos de guitarra estremecedores y una batería bien sincronizada, hicieron que esta noche se volviera inolvidable.

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PETER GABRIEL
Noviembre 23, 2011
Auditorio Nacional
(Texto: Luis Javier Tapia)
(Fotos: Fernando Aceves)

Una verdadera sorpresa a causa de mi despiste. Esperaba ver a Peter Gabriel como protagonista de su propia música en medio de una gran parafernalia y rodeado de los grandes músicos que siempre lo acompañan, esperaba ver a Tony Levin. No fue así, nunca presté atención al cartel que en más una pared y un sitio web anunciaba al inglés y su espectáculo: “No Drums, No Electric Guitars”. Cuando me senté en mi butaca y puse atención al escenario, éste se encontraba con sillas dispuestas en media luna, un piano y los instrumentos propios de una orquesta. Sin anticiparlo, justo a las 20:30, sin preludio alguno, salió Gabriel con una hoja de papel en mano, anunció a un par de chicas que ya se acercaban al extremo izquierdo del templete. Hecha la breve presentación de las dos damitas cuyo origen y nombres no recuerdo, ejecutaron tres (tal vez una más) canciones con voces casi perfectas, digamos que encantadoras. Supuse que concluyendo su luciente participación se retirarían. No fue así, lo acompañaron acertadamente toda la noche. Una vez que dieron las gracias a la nutrida concurrencia, ahora sí, se disminuyó la iluminación al punto de la oscuridad y todos en el escenario tomaron sus lugares. Peter Gabriel salió una vez más por el lado derecho. Comenzaron las primeras notas de una orquesta que, dicho sea de pasadita, estuvo dirigida por un joven (tanto como yo) verdaderamente increíble. En ese justo momento comenzó la segunda sorpresa de la noche, la primera canción fue “Heroes” de David Bowie. ¿Cómo? Así… en lo personal esa canción la considero una de las mejores composiciones del Rock and Roll. Ser interpretada por Peter Gabriel en ese contexto fue una joya.

Continuó con varios de sus reconocidos éxitos y de sus mejores canciones. No soy un experimentado conocedor de la obra de Gabriel, reconozco, pero tocó las que me sé. Me llenó el oído y el alma (si es que esta existe). Peter Gabriel nunca escatima en sus conciertos, ni en tecnología ni en calidad. No fue ésta la excepción. Si bien se trataba de un concierto acompañado de una orquesta sinfónica, echó debidamente mano del despliegue tecnológico en pantallas HD de fondo, superiores (arriba del escenario, vaya) y laterales. No eran las pantallas que reproducían en sincronía lo ocurrido y ejecutado por los artistas, en este caso liderados por Gabriel. No, no fue únicamente eso, imágenes que guardaban absoluta y atinada correspondencia con las canciones, su emotividad y su mensaje. Electrizaron el concierto y logró que no se extrañara ni un segundo a los instrumentos naturales del rock.

En cada canción, Gabriel anunciaba en un no tan mal español el mensaje de la misma o lo que significa la letra (en el sentido lírico, pues). Así lo hizo con prácticamente todo su set. Arribaron poco a poco las canciones que esperaba la mayoría de los asistentes; “Wallflower”, “Intruder”, “San Jacinto”, “Secret World”, “Signal to Noise”, “Don´t Give Up”, “The Rhythm of the Heat” (con esta se incendió el lugar; no precisamente en llamas pero por supuesto que ardió). Para el que escribe, los mejores momentos; los que de verdad me robaron el corazón por cursi y kitch que se suene, fueron la ejecución de “Biko”, proyectando el rostro del protagonista de la real historia, el hombre que dejó de existir por atreverse a captar la miseria humana de su continente en una cámara. Peter Gabriel con la canción, con las imágenes, con la interpretación de esa noche, reivindicó el honor de ese hombre. Insistió en una par de ocasiones cómo la tecnología puede modificar para bien el mundo a través de las imágenes, de las cámaras y cómo esto ahora hasta conforma comunidades, las hoy llamadas virtuales. Anunció en su empeñado español una canción enorme, “Father, Son”. La canción es su papá y viceversa. Por razones personales, tocó fibras harto sensibles en mí, sobre todo la envidia. Y vino “Red Rain”, las proyecciones seguían manteniéndome al borde de la butaca, así también pasó con “In Your Eyes”, conmovedora.

Peter Gabriel siempre se hace acompañar de excelentes músicos, completos y por demás sensibles, no son nada más de sesión o de los que se arriendan igual para algún artista Pop que para un ícono del Rock, ahí está el caso de Levin o de Stewart Copeland quienes han figurado elegantemente en las huestes que a lo largo de la vida artística de Gabriel lo han acompañado. En esta ocasión o en esa noche, debo decir que el director de la orquesta, un escuálido joven treintañero que dicen responde al nombre de Ben Foster, no fue la excepción, honró al nombre del artista que lo invitó a participar pero fue más allá, mucho más lejos. No soy músico, anticipo, soy un aficionado nada más, pero creo que el sujeto en cuestión encarnó la música, no sólo la llevaba y la traía, de verdad que sus movimientos pero sobre todo su expresión daban cuenta de que él figuraba como sustancia misma de las notas. Hubo un momento, si no mal recuerdo en “Secret World”, en que la proyección de sus movimientos combinadas con efectos visuales que captaban su dirección detuvieron la respiración de varios, su servidor entre ellos.

Uno de los mejores concierto a los que he asistido, sin duda; nunca me lo esperé, las sorpresas (desde luego como estas) siempre son bienvenidas. Peter Gabriel es un caballero, de arriba a abajo. Él ya gozaba de un lugar especial en mi almanaque de admiraciones, desde este 23 de Noviembre ocupa un lugar aún más especial ahí mismo. Presentó a la mayoría de los miembros de la orquesta, el recinto se llenó de aplausos largos y agradecidos. Por ocasiones como esta, la vida vale la pena vivirse.


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HELL & HEAVEN METAL FEST 2011.
Calle 2, Guadalajara
(Texto y fotos: Miguel Cuéllar Galván)

En la zona periférica del sur de Guadalajara, en medio de fábricas y bodegas industriales, tuvo lugar el Heaven and Hell Metal Fest, un festival de Heavy Metal maratónico que presentó a más de 60 bandas mexicanas y extranjeras.

Desde las 10 de la mañana, policías a caballo, a pie y en bicicleta rondaban los alrededores. No iban en busca de delincuentes, pues así lo mostraba un auto con el cristal roto que estaba estacionado muy cerca del lugar y al cual no se acercó ningún policía. Los tiras andaban más bien a la caza de aquellos metaleros que se escondían en los callejones de aquella zona industrial para ponerse a tono con unas cervezas más baratas que las que se vendían adentro.

Durante más de 8 horas, por la entrada a la Calle 2 desfilaron cientos de ñeros que portaban el riguroso uniforme negro. Saltaba a la vista que muchos, sobre todo mujeres, dedicaron varias horas a su atavío. En una ciudad en la que los panistas han prohibido el uso de la minifalda, llamaba la atención que la mayoría de las chavas lucieron piernas, vientres y pechos bien escotados. Incluso, por lo elaborado de su arreglo, parecía que iban a una feria de modas.

Y efectivamente, el extenso terreno de la Calle 2, parecía una feria del Metal. Había 5 escenarios que  diferían en tamaño y costo de producción, y en los cuales, durante las 14 horas que duró el festival, sonó el ruidajal de las 60 bandas que por ahí desfilaron. Daba la impresión de que los escenarios eran stands de exposición, como en las ferias. Hubo una saturación de ruido. Algunos asistentes, tal vez conservadores, se quejaban de que el ruidajal de los escenarios más grandes invadía notablemente a las bandas que tocaban en los más pequeños.

Es de suponer que esta diferencia jerárquica de los escenarios respondía a la falta de recursos, y no a la calidad de los grupos, pues, por ejemplo, en una de los escenarios más pequeños, tocó Anarchus, una banda con casi 25 años de trayectoria, y que pese a las fallas en el equipo de audio, machacaron cuerdas y tambores con una violencia Noisecore que pronto atrajo a unos 300. Al igual que ellos, todas las bandas relegadas a estos escenarios se rifaron para resistir los embates de los grandes escenarios y no hubo ninguna que no tuviera al menos 100 espectadores.

En las primeras horas, lo más destacado fue el sonido Stoner de Dirty Woman y Maligno. Los Dirty Woman, del D.F, comenzaron a tocar para un pequeño público, pero cuando hicieron sonar sus escalas pentatónicas con un ritmo groovie mastodóntico, la banda se fue acercando. Al final de su actuación, los escuchaban unos 500, de los 2000 que ya había en el lugar.

Más tarde, la mayor parte del público esperaba  al pie de un escenario vacío, el Heaven Stage, el cual estaba listo para recibir a Maligno. La forma en que tocaron los regios dejó suficientemente claro por qué se creo tal  expectación en torno a su participación y por qué han ido adquiriendo prestigio dentro de la escena metalera: tocaron impecablemente pesado. Fue la única banda mexicana que pisó este escenario, y su ejecución y composición musical estuvo a la altura de las bandas extranjeras.

A las dos de la tarde, desde su cenit el sol caía calcinante sobre los atuendos negros. No obstante, sólo unos cuantos dejaron su lugar al terminar los Maligno: los más estaban dispuestos a resistir el sol y conservar su lugar para escuchar a Lizzy Borden. La inconstancia, las altas y bajas que han marcado la carrera de esta banda, no han afectado su sonido en vivo. Con una ejecución musical excelente, sorprendieron hasta al más brutal de los metaleros que asistieron. A pesar de que los ingenieros aún no lograban sacarle el mejor sonido al PA, sonaron compactos y con la fuerza del metal más pesado. No pudo faltar el clásico número escénico en que el vocalista, Lizzy Borden,  desangró a una hermosa mujer de Guadalajara.

Mientras los Lizzy daban una prueba de la perseverancia del Glam Rock, entre rola y rola, desde otro escenario se alcanzaba a escuchaba la voz chillona y sin carácter de Sofía Renie, la vocalista de la Mystica Girls. Desafortunadamente el ingeniero no supo darle a estas morras un buen sonido. Aun así se podía escuchar, y sobre todo ver, la magnífica técnica de la guitarrista Cynthia Black Cat. Las cuatro mostraron ser buenas ejecutantes, sin embargo, se advertía falta de contundencia en la composición de sus rolas. Y a pesar de esto, lograron atraer a unos 600 ñeros.

Algo que debe aplaudirse de este festival es que presentó una gama muy amplia de géneros del Metal. Subieron a los escenarios bandas mexicanas de Speed, Thrash, Death y Doom metal; bandas con voces operísticas, con influencias del Hip Hop, las que incluyen instrumentos prehispánicos y danzantes aztecas en su espectáculo y más. Quizá sólo hizo faltó incluir bandas del llamado Deathcore, género que está muy difundido entre las generaciones más jóvenes y que, por lo tanto, no hay que descuidar.

Cuando el sol comenzaba el descenso, Hardware, un grupo anfitrión, disparó sus samplers y sonidos electrónicos en medio de aquella guerra de sonido. Esta banda, que en los 90 iba a la vanguardia en la búsqueda de nuevos sonidos en el Metal, mostró un material que ya se oye envejecido, un poco lento, con armonías y batería muy rudimentarias. Sin ser malinchista, se puede decir que el contraste fue notorio cuando, en el mismo escenario, Wehrmacht salió a tañer los hilos de acero. Los riffs thrashers con tarola frenéticamente punk, los bombos en unísono con el rasgueo de las liras y los cambios de ritmo con mucho punch, contrastaban con los tupas-tupas a media velocidad y los riffs de lira casi monotonales de Hardware. El contraste se pudo ver también en que los alemanes pusieron a azotar diez veces más matas que los de Guanatos y provocaron un devastador slam. En fin, esperemos que Hardware vuelva a encontrar nuevos caminos en su producción futura. El cielo ya comenzaba sufrir la metamorfosis de colores que antecede a la muerte del día. Conforme el sol iba acercándose al ocaso, cada vez más policías llegaban al lugar. Su objetivo principal por lo visto era acechar a los que se fumaban un gallo.

Desde 4 de los escenarios continuaba incesante el bombardeo de estridencia. No obstante, la mayor cantidad de gente se concentraba frente a un escenario vacío y silencioso, el Heaven Stage, en el cual se hacían los últimos arreglos para que abordara Destruction. Estos alemanes cincuentones, asolaron al público veinteañero con los riffs de “Curse de Gods”: rítmica demoledora, como un llamado a la guerra, y luego las notas atonales con ritmo veloz que caracterizan el sonido de esta banda que ya cumple más de 25 años de existencia. El público coreo una tras otra rolas como “Mad Butcher”, “Armaggedonizer”, “Hate Is My Fuel”. Los Destruction provocaron una euforia que no se había percibido a lo largo del día.

Mientras tanto, en el escenario de enfrente, el Hard Stage, tomaban su lugar los Transmetal. Tenían la misión de ganar ese territorio invadido por los decibeles producidos por Destruction. Ya los esperaban unos mil ñeros, que habían preferido renunciar a escuchar a las otras bandas para escuchar a la más legendaria banda del metal mexicano. Con el estilo de siempre, monótono y primitivo, y con la siempre  pésima batería del Piraña, esta banda de Ecatepec desató la furia del slam con una intensidad que no lograron muchas de las bandas extranjeras.

Le dejaron la pista en llamas a la siguiente banda, Vital Remains. Los de espíritu nacionalista debían sentirse orgullosos, pues es un mexicano, el buen Albert, quien está a cargo de la batería en esta banda y cuya actuación reivindicó al metal mexicano; es decir, el Albert tocó tan cabrón que quedó demostrado que no es una maldición de los mexicanos tocar tan mal como el Piraña de Transmetal. Desafortunadamente, el ingeniero a cargo no pudo encontrarle el sonido adecuado al PA. A pesar de las deficiencias de audio, los Vital Remains hicieron sentir su poder velocísimo y precisión devastadora.

A espaldas de este escenario y ya con la noche encima, comenzó a tocar Brujería, quienes con sus paliacates al estilo del EZLN lograron atraer a casi cuatro mil. Tal vez, los Brujería se hicieron más atractivos al público por las estrellas del metal que forman su alineación (Shane Embury, de Napalm Death; Jeff Walker de Carcass; Nick Barker, ex-Dimmu Borgir) que por la calidad de su música, pues parece que el ruidajal es más bien el marco dentro del cual el Juan Brujo dice y hace sus ocurrencias con contenido nacionalista, narcosatánico, homofóbico y misógino. Al parecer al público mexicano le gusta la comedia, pues Brujería captó la atención de casi la mitad de los asistentes, que para ese entonces ya sumaban unos diez mil.

La otra mitad de los asistentes decidieron exponer sus oídos a la estridencia de Kataklism, quienes con una actitud solemne y un metal bastante rudimentario pero de ritmo beligerante y brutal, arrollaron a los ultra fans de Megadeth, que ya desde entonces ocupaban las primeras filas y no se moverían de ahí hasta que terminara el tokín. El Death Metal de esta banda sonó cuadrado, sencillo, sin pretensiones, pero con una cadencia rockera que sedujo a la mayoría de los que vestían playeras de Megadeth y a casi todos los que escuchaban: hubo pocos cuerpos sin convulsionarse al compás de los machetazos de los canadienses.

A estas alturas del festival, la obscuridad de la noche y la enorme muchedumbre servían de escondite a los pachecos que por todas partes le quemaban las patas a Satanás. Lograron alterar suficientemente su espíritu para recibir el ataque de Fear Factory. Entonces entró al escenario Gene Hoglan. Tomó su lugar detrás de la bataca y con alzar sus brazos en señal de saludo, levantó un ovación estridente del público. Era evidente que todos sabían lo que Hoglan representa en la historia del metal: es uno de los tres bateristas más influyentes y vanguardistas del género. La ovación se hizo ensordecedora cuando aparecieron el bajista Byron Stroud, el vocalista Burton C. Bell y el guitarrista Dino Cazares, tocando los acordes de rítmica pesadísima de “Shock”. Así comenzó la que, sin duda, fue la mejor banda y la  que sonó más contemporánea de todo el festival. Su sonido brilló por la originalidad de su excelente fusión entre música Industrial, Thrash, sonidos Techno, líneas vocales que oscilan entre el Pop, el Post-Punk y el Death Metal. La guitarra de Dino Cazares junto con los bombos y tarola de Hoglan formaban un unísono impresionante cuando ambos tocaban esos riffs formados de veloces dieciseisavos de compás interrumpidos por silencios sincopados; riffs que asemejan el pulsar de máquinas súper revolucionadas, pero con groove. La voz de Burton C. Bell contribuyó de manera importante en la atmósfera peculiar que distinguió a esta banda del resto, pues el color que da a su voz armoniza de forma única las rolas de esta banda. En resumen, la actuación de Fear Factory quedó como un reto difícil de superar para Megadeth, la banda estelar de la noche.

Aunque Megadeth no fue la mejor banda del festival, la expectación que se percibía en el ambiente dejaba ver  que para muchos había llegado el momento más esperado de la noche, el momento de escuchar a uno de los Big Four, a la banda que entre las que tocaron ese día era la que poseía más trayectoria e influencia en la historia del Heavy Metal. Desde el primer momento, la presencia de Mustaine provocó una gritería que competía con los decibeles de “Trust”, rola con la que iniciaron su set. Rola tras rola, esta banda mostró una ejecución musical intachable. Sobresalió la extraordinaria interpretación de los solos del guitarrista Chris Broderick. En el cartel se anunciaba que Megadeth tocaría durante dos horas, sin embargo hubo algunas fallas técnicas que primero obligaron a hacer una pausa inesperada y que finalmente acortaron la actuación de la banda a poco más de una hora.  En realidad era una falla casi imperceptible, pero que para el perfeccionismo de Mustaine fue suficiente para decidir terminar con el concierto. Cerraron con “Holy Wars”, rola majestuosa que quizá indicaba el talante de lo que estaban por venir, pero nunca fue. Se despidieron cálida y largamente del público mexicano, que convencido de que aún faltaba una hora de show espero más de 20 minutos al pie del escenario coreando el nombre de Megadeth. Mustaine y sus compañeros no volvieron a salir.

El Heaven and Hell Metal Fest fue una experiencia que pocas veces se ha vivido en nuestro país. Esperemos que siga en los próximos años.

LA BITÁCORA DEL CIELO Y EL INFIERNO
Calle 2, Guadalajara
(Texto y fotos: Lutz Alexander Keferstein)

Esta reseña tiene un tinte un poco distinto a la que normalmente se encuentra en revistas y blogs. Será una reseña narrada desde dentro, desde la visión de alguien que tuvo la fortuna de participar, como miembro de una banda, en un festival de la magnitud del que tuvo lugar este tercer fin de semana de noviembre en Guadalajara, Jalisco.

A iniciativa y trabajo de Israel Franco (AKA Sux, baterista del clásico Wrecker) las bandas de la capirucha convocadas (Mystica Girls, C.A.R.N.E., Voltax, Ultratumba, Wrecker, Dirty Woman, Anarchus, Next y Transmetal) acompañadas por el baterista de Vital Remains, quien había perdido su vuelo original como algunas otras bandas, nos reunimos en el norte de la ciudad y abordamos el autobús que nos llevaría a las instalaciones del Hell & Heaven.  Todo comenzó bien desde el mismo momento en que salimos justo a la hora que se había advertido que partiría el autobús. Ignoro si fue debido a nuestra adultez contemporánea, pero todos redujimos nuestra algarabía a las personas sentadas a nuestro derredor. Los tiempos en que devastábamos autobuses y vertíamos alcohol por litros eran sólo objeto de las conversaciones entre los miembros de las bandas.

Llegamos a Guadalajara aproximadamente a las 6:30 de la mañana, y a la ahora histórica Calle 2 a las 7:00 a. m. Los últimos toques de organización se estaban llevando a cabo: mientras que los escenarios, las pantallas gigantes y el P.A. se encontraban en sus lugares, los puestos del Mercado del Metal, los patrocinadores de alcohol y de comida, y el backline terminaban de colocarse. Fuimos bienvenidos con la noticia de que el rumor sobre la cancelación de Destruction, al igual que antes Moonspell y Overkill. Lo de Destruction había ya quedado atrás, con la confirmación de la llegada de los alemanes. Eran otras las dudas e inquietudes que teníamos las bandas en general ¿Cómo habría de sonar cada una de las bandas frente al hecho de que en cada uno de los 5 escenarios, colocados a una distancia no mayor de 100 mts. entre sí, habría una participación unísona? ¿Se cruzaría el sonido? ¿Habría gente presente para ver a las bandas menores compitiendo con los headliners? Eso era de nuestro interés, pues miente el músico que afirma que no le importa si tiene audiencia o no en sus presentaciones. Todos queremos compartir lo que hacemos, somos humanos y como tales, nos brinda alegría el sabernos reconocidos.

La primera banda que llamó mi atención en el Hell Stage fue Koltdown, grupo mexicano, cuyos riffs son sólidos y combinan muy bien el rock pesado-stoneroso con el Thrash duro y contundente. Mientras tanto, en el Monster Stage sonaba El Cuervo de Poe, cuya presencia y afinada voz femenina lograría convocar a una cantidad significativa de los recién llegados al evento. Tras ellos seguía la participación de Dirty Woman, banda con la que tengo el honor de participar. Contamos con una gran recepción del público que se juntó en una muy buena cantidad. Gozamos de enorme fortuna por dos factores: 1) Los números principales, los del Heaven Stage, se pospusieron por las cancelaciones arriba mencionadas (Maligno que estaba programado a la misma hora que nosotros, comenzó una hora después); y 2) El grupo posterior a nosotros no fue lo suficientemente precavido como para estar listo llegado su momento, por lo que fuimos probablemente la única banda en el festival a la que se le dio oportunidad de extenderse en su tiempo, concediéndole al público los dos encores que pedían a coro: “I Sold my Soul” e “Inner Circle of Pain” cerraron un set de 45 minutos. (¡Muchas gracias, Guadalajara!)

Maligno, cada vez más significativos, finalmente comenzaban sus poderosos riffs. “The Red Witch” se vio sucedida por 40 minutos de su más reciente producción discográfica: a la Sabbath, los regios dejan claro por qué han dado acelerados pasos en el mundo del Metal. Contundencia y amarre, son las características que los tienen hoy por hoy en la cima mexicana.

Seguidos de ellos, los clásicos de Lizzy Borden. Inenarrable. El Heavy Metal californiano a todo lo que da. Gran show, grandes rolas, grandes recuerdos. Lizzy se dio todavía el lujo de sacarle la sangre Mi Alegría –del cuello- a una mamita tapatía a la que el 100% de los asistentes le hubiéramos dicho que sí. Grandes solos de lira y una voz que a pesar de ya tres décadas de uso no decae ni un ápice.

De allí dirigí mis pasos a ver la velocidad y brutal mugrosidad –como debe de ser- de Anarchus. El mosh y el slam estaba a todo con ellos en el Hard Stage. Sólo unos segundos después de sus últimos acordes, sonaban los primeros de, para mi gusto, la segunda mejor presentación con la que contó el Hell & Heaven (la mejor la considero Fear Factory): Wehrmacht. Este grupo merece atención especial, pues nadie, NADIE, NADIE en nuestra adolescencia supuso en alguna ocasión que podríamos verlos. (Breve paréntesis: hace unos meses tuve la oportunidad junto con Iván Nieblas, el Patas, de ir al Big Four  y comentábamos que había sido un concierto como tienen que ser: lleno de slam sin parar, brutal, agresivo-amistoso con gente con actitud, sin celulares y a lo que van. A madrearse, a devastarse, a extasiarse.) Bueno, pues todo lo comentado en el paréntesis anterior se cumplió con los cincuenteenagers de Wehrmacht. BRUTALES. Es una enorme ventaja que el movimiento neo-thrashero constituido por los hijos de los originales thrashers SÍ SEPAN lo que es hacer slam más allá del mosh –chavos, no confundir gimnasia con magnesia- y  los (para mi gusto) pendejitos saltitos “¡Hey! ¡Hey! ¡Hey!”. En el slam perdí hasta la playera conmemorativa, lo que resultó devastador también para mi economía.

Encontrarse con viejos conocidos, a los que se tiene en ocasiones más de una década sin ver, no es sólo un placer que sólo ofrecen estos eventos, sino también una garantía de que va uno a terminar pedísimo: “Un traguito”, “¿Una chelita?”, “¡Un tequilita, man!”. Así las cosas, cuando por fin volví a encontrar a Edson Alemán, al Julklio y a Ángel Castillo, al momento de comenzar Destruction, ya estaba yo comenzando a ver las cosas desde otra perspectiva. ¡Dosis de Rock teutón! ¿Qué ya se acabó Destruction? ¡Vámonos al Hell Stage ver a Brujería! ¡”Cuiden los niños”! ¡”Raza Odiada”! ¡”Matando Güeros”! Mares de gente coreando, mosheando, formando el pit. Un ratito de Dark Funeral sólo para ver de qué va el Black Metal, género que no es santo de mi devoción. El Monster Stage atascado, pero no tanto como para sentirse incómodo. Buen show, buen sonido, por primera vez el Black hasta parecía música.

Apenas calentaban los motores los del funeral obscuro cuando sonaron las primeras notas de la “Factoría del Miedo”… los padres del New Metal (por favor no los odien, ellos sí son buenos y de a deveras) ¡Fear fucking Factory! Sin lugar a dudas fueron el mejor grupo de la noche: no sé cuántas horas ensayen diario, no sé si lo hagan con tal frecuencia, pero los miembros de los grupos asistentes no podíamos hacer otra cosa sino preguntarnos: “¿Cómo chingados le hacen?”. Gene Hoglan en la batería es una máquina, Dino CazaresBurton C. BellByron Stroud … “They have tried to brake you!! There is no love!! Suffer, bastard!! I got to get away!! I am rape, I am hate!!” Gritábamos en el público a las comandas no dadas de Bell.

Cuando llegó la hora de Megadeth, y tras 18 horas de estar de pié o slameando o interpretando en el escenario y dejando luir el alcohol, los weekend warriors, los sempiternos metaleros, los que nunca dejaremos que fenezca la escena, estábamos si no muertos, si sintiendo las nalgas en las corvas. El show de Megadeth fue bueno, bueno a secas si he de ser honesto. Vaya, es Megadeth, nunca falla, es uno del Big Four, sin embargo, estoy seguro de que desde sus primeros acordes hasta sus últimos, transcurridos en un tiempo no satisfactorio debido a fallas técnicas, todos sentíamos como que algo les faltaba. No sé si punch, no sé si volumen, un no sé qué que, tras haber podido observar las participaciones arriba narradas, le dejaba a uno con un cierto sabor a desabrido. Más aún, cuando no tocaron “Peace Sells” (¿Cómo puede pasar algo así? ¿Cómo pueden de la docena de rolas que interpretaron dejar fuera JUSTO ESA?) ni tampoco “Tornado of Souls”, canción que todo parece indicar estoy condenado a no escuchar jamás en vivo.

Para terminar esta reseña/bitácora, debo resaltar que en términos generales el Hell & Heaven 2011 fue un festival muy bien logrado, gracias a la tremenda organización y trabajo de Juan Carlos Guerrero de Hardware por cuya iniciativa se llevó a cabo este tremendo evento, así como a Red Lion e Infiniti Producciones. De verdad, un festival al más alto nivel y prácticamente a la altura de cualquier evento europeo o norteamericano.

¿Qué tiene que mejorar, qué se puede recomendar? Que no comiencen a vender chelas hasta las 15:00 hrs (aunque… bueno, ¿cómo hubiéramos quedado si no?); darnos de comer y beber a los grupos que participamos generaría mucho agradecimiento (¿O nomás a mí no me toco por andar de groupie?) y, ya más en serio: la duración del evento, hacerlo de dos días, dividiendo el número (enorme) de bandas nacionales en cada uno de ellos y aumentando el número de grupos estelares haría de este festival algo sencillamente inusitado. Sin embargo, se está consciente de que eso aumenta los costos de producción y probablemente lo volvería poco redituable para el productor o muy oneroso para el público. En realidad, todo bien en el Hell & Heaven 2011.

¡¡¡Heavy Metal never dieeeees!!!

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DOWN
Noviembre 19, 2011
José Cuervo Salón
(Fotos: Germán García)

Un buen año para el Stoner Rock en México. En Mayo tuvimos a los Melvins y The Sword en tierras aztecas, en Octubre los espesos Earth, y Noviembre sería  la cereza en el pastel con la presencia de los padres del género, Kyuss Lives y el supergrupo Down. Especialmente Down fue uno de los más esperados por la presencia de Phil Anselmo quien en otros tiempos fuera cantante de Pantera, uno de los grupos más queridos y admirados en México.

Por supuesto se veían muchas playeras de Pantera entre los asistentes que llenaban casi la mitad del foro, aunque también aparecieron muchas de Down con ese Cristo fumador que ahora es sinónimo de la banda. Se suponía que el grupo abridor serían las chicas de Ruido Rosa, una decisión que desde que se anunció causó polémica, pues aunque las chicas tocan bien y tienen una marcada raíz pesada, no era la banda más apropiada para atender un show en el que la testosterona era tan densa que se podía cortar con una espátula. Al final las chicas cancelaron su presentación sin dar razón alguna por ningún medio, así que la banda decidió que ellos serían la banda abridora. Para ello se compraron varias mascaras de luchadores mexicanos con las que también disfrazaron a sus roadies, mismos a los que hicieron tocar por 20 minutos una improvisación sin forma de pocos riffs. A pesar de su máscara se notaba que Jimmy Bower estaba empuñando el bajo, Kirk Windstein se ocultaba bajo un grueso sarape y hacía gritos desaforados, mientras los roadies se hacían cargo de guitarras y baterías. Atrás de los amplificadores podíamos ver a Phil Anselmo, Pepper Keenan y el nuevo bajista Patrick Bruders hacerse cargo de la voz, en la que gritaban cosas en español como “¡Graciaaaaas, señooooor, andaleee!”. Sin embargo hubo muchos que no tenían ni idea de quiénes eran esos misteriosos enmascarados y comenzaron a gritarles “¡culeeeeeroooos!” para que se bajaran.

La espera para que salieran convertidos en Down no fue muy larga. Uno a uno fueron saliendo, Jimmy Bower ahora sí tras la batería (aunque en su banda original Eyehategod toca la guitarra), Patrick al bajo, Kirk con su guitarra, la misma con la que riffea en Crowbar y Kingdom of Sorrow, flanqueados por Pepper Keenan el otrora guitarrista de Corrosion of Conformity. Comenzaron a tocar una intro y cuando salió Phil Anselmo, el Salón entero estalló en un enorme alarido, casi como si hubiera revivido Dimebag Darrell. Así Phil anunciaba la primera canción de la noche “Lysergik Funeral Procession”, aunque al parecer el ingeniero estaba teniendo problemas con los volúmenes. Cuando llegó “Pillars of Eternity” y “Underneath Everything” ahora sí todo comenzó a sonar tal como debía, todos hacían slam, stage diving y cantaban cuando les era requerido. Muchas matas ondeaban en el aire, desplazándose a diferentes velocidades. Anselmo le dedica la siguiente canción a Dimebag, y la sola mención del nombre desata una nueva oleada de alaridos, como si se multiplicaran al triple, y suena “Lifer”.

Junto a un espeso olor a marihuana llegaría el momento “slow and heavy” de la noche con “The Path”, en la que malamente no se escuchaban mucho los chidos coros de Pepper. Igualmente devastarían lentamente con la ya clásica “New Orleans is A Dying Whore”, con unas machacantes guitarras y todos los asistentes cantando al unísono. Imprimirían mayor velocidad con “Losing All”, Anselmo corría por el escenario y de vez en cuando le daba sus zapes a Kirk en su calvo cráneo; para entonces Phil ya estaba muy desatado y se daba microfonazos en la frente al grado que se abrió y se veía una mancha roja. El groove vendría de los riffs de “Ghosts Along the Mississippi” y una más de su grandioso NOLA, “Temptations Wings” en la cual Kirk y Pepper se lucieron con las armonías de guitarra del puente, al más puro estilo Stoner sureño. Fue inevitable recordar al jovencito Pepper que nos visitó en 1992 con Corrosion of Conformity cuando prácticamente nadie los conocía, sus movimientos eran exactamente los mismos pero con unos cuantos kilos de más, lo que sí es que seguía despidiendo un penetrante olor a marihuana cada vez que sacudía la mata. Tras una pequeña pausa retoman el camino y llega la poderosa “N.O.D.” la cual Anselmo detiene a la mitad para advertir que debemos volvernos locos y salvajes si queremos que la toquen completa. Tras completarla, el bajo de Patrick con un casi inaudible ritmo al que se une Jimmy anuncian que llega la demoledora “Eyes of the South”, de nuevo los coros de Pepper, vitales, fallan en escucharse.

Phil anuncia que este es el último show de la gira y se toma el tiempo de enumerar a todos y cada uno de los integrantes de su staff, agradeciéndole a todos el haber estado con ellos a lo largo del tour. Incita aun más a fumar esa hierba que hace reír pues sigue un canto de alabanza a la mariguanéz, “Hail the Leaf”. El momento que sin duda muchos recordarán y quizás les hizo el concierto del año, fue cuando Pepper comenzó a tocar los riffs de “Walk” de Pantera, con lo cual todos se alborotaron como si en verdad tuvieran de nuevo al grupo en el escenario, Anselmo cantó el coro junto a todos, pero detuvo la rola al poco tiempo, todos se quedaron entre extasiados, melancólicos y ansiosos. Pero ni modo, el show es de Down, una banda diferente (y una de las razones por las que Pantera se separó) y cerraban con dos de sus más esperadas “Stone the Crow” la cual pocas veces tocan en vivo y la obligadísima “Bury Me in Smoke” en la cual hacia la parte final los roadies se hicieron cargo de finalizar la rola mientras los miembros de Down se despedían del publico, repartiendo plumillas, baquetas, saludos y posando para fotos. Se les veía felices y prometieron regresar muy pronto. Casi como encore improvisado, Phil cantó algunas estrofas de “Whole Lotta Love” y “Stairway to Heaven” a capella. Gran concierto, de no menos que un supergrupo en toda la extensión de la palabra.

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MEGADETH
Noviembre 16 y 17, 2011
José Cuervo Salón
(Texto: Sergio Alvite/Search&Destroy)
(Fotos: Fernando Aceves)

Megadeth regresó al hangar mexicano con dos presentaciones en el Distrito Federal, las cuales sirvieron de promoción de su nuevo LP Th1rt3en, el más reciente disco que revive el espíritu de discos como Countdown To Extinction.

Dos noches y absolutamente llenas, por lo menos así se anticipó con una venta de boletos que voló de inmediato. A diferencia de su anterior visita en 2010, los estadounidenses se presentaron en el José Cuervo Salón, lugar que para algunos resulta polémico en el aspecto de sonido.

Las dos citas vieron el fluir de clásico tras clásico, todo ello respaldado por una gran musicalidad, sobre todo de Chris Broderick en las seis cuerdas. Su ejecutar fue limpio y casi inescrutable; comprobó el por qué ya tiene un lugar entre los mejores guitarristas contemporáneos y además, en la historia de la banda. Dave Mustaine esta vez no resultó tan serio, aunque su temple siempre es de admirarse a la par de otro miembro original de Megadeth, Dave Ellefson, quien se vio sonriente y entonando piezas clave para canciones como “In My Darkest Hour” o “Peace Sells”. Shawn Drover, baterista, lució entero en temas como “Trust”, la cual abrió ambos shows, así como “Hangar 18” y “She-Wolf”. Uno más que con el tiempo es imprescindible en la actual era del cuarteto.

La parte técnica del escenario hacia la gente fue controversial, sobre todo en la segunda noche por el audio. Para algunos sonó bien, para otros no; depende de la ubicación en el recinto. En la parte superior del salón, por lo menos el concierto del miércoles, se escuchaba excelente; la voz de Mustaine se sentía intacta, los riffs y solos se oyeron en plenitud; y el esqueleto rítmico, monumental. Por otro lado, la gente. Su participación fue vital para corear los temas con gritos, aplausos y entonaciones “hímnicas” que se están volviendo clásicas en este lado del continente.

Megadeth mejora con los años y no dejó duda alguna de que siguen siendo grandes entre los “cuatro grandes”.

SETLIST (Miércoles 16)

Trust
In My Darkest Hour
Hangar 18
Skin O’ My Teeth
She-Wolf
Angry Again
A Tout Le Monde
Dawn Patrol
Whose Life (Is It Anyways?)
Public Enemy No. 1
Sweating Bullets
Head Crusher
Poison Was The Cure
Symphony Of Destruction
Peace Sells
ENCORE
Holy Wars… The Punishment Due

SETLIST (Jueves 17)

Trust
In My Darkest Hour
Hangar 18
Wake Up Dead
Public Enemy No. 1
Angry Again
A Tout Le Monde
Poison Was The Cure
Head Crusher
Whose Life (Is It Anyways?)
Dawn Patrol
Sweating Bullets
She-Wolf
How The Story Ends
Symphony Of Destruction
Peace Sells
ENCORE
Holy Wars… The Punishment Due

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MOTÖRHEAD
Noviembre 12, 2011
HMV Apollo Hammersmith, Londres 

(Texto: Israel Blas)
(Fotos: Seamus Reid e Israel Blas)

Desde que uno va saliendo del tren en dirección al lugar sabe que será un gran evento, nunca en mi vida vi tantas playeras de la banda en un solo lugar, el habitante inglés en general es tranquilo y parece ser demasiado serio pero hoy es el día de quitarse la camisa y la corbata para mostrar los tatuajes de la banda que vimos.

El HMV Apollo Hammersmith, con capacidad hasta para 5 mil personas, luce tranquilo por fuera pero poco a poco la gente va llegando, se dan tiempo de beber cervezas y comprar la mercancía oficial; extrañamente afuera no hay un solo puesto de mercancía pirata y yo me quedo con mis ganas de comprar algo por los altos precios de la mercancía oficial. Con puntualidad inglesa se apagan las luces para dar paso a la primera banda, los UK Subs, gran banda que se formó en los 70. Tocaron  45 minutos exactamente, la gente les aplaudió bastante. Se retiran y dan paso a la siguiente banda, el legendario Anti Nowhere League (los autores de “So What?” que todos conocen con Metallica) con un poco más de velocidad y poder organizan un pequeño “slam”, por lo que iban tocaron canción tras canción y terminaron más rápido. En otras circunstancias los hubiera disfrutado más pero estaba impaciente.

Por fin en punto de las nueve se apagan las luces, suenan las sirenas  y aparecen las siluetas de: Phil Campbell, Mikkey Dee e  Ian “Lemmy” Kilmister, este último toma el micrófono y pronuncia la clásica frase: “We are Motörhead and we play Rock’n'Roll!”

Comienzan con “Bomber” e inmediatamente después sin perder un segundo le sigue “Damage Case”. Así continúan con algo de nuevo material comoI Know How to Die” y “Stay Clean” del Inferno. Llegaron a una de mis favoritas: “Metropolis”, no hacen pausas largas, sólo para brindar y saludar a los presentes. Nos hacen gritar a la cuenta de 3 y siguen con la música con “Over the Top”, “One night Stand” y después el señor Campbell nos deleita con un solo de guitarra. Regresan los demás y continúan con “The Chase Is Better Than the Catch”, “Get Back In Line”, “Rock Out” y tocan una gran canción del disco 1916 llamada “The One To Sing the Blues” después de ella ahora es Mikkey Dee quien toca solo con su batería para darle paso a varias clásicas como “Orgasmatron”, “Going To Brazil”, “Killed By Death”, y “Iron Fist”. La banda sale del escenario y rápidamente acomodan todo sólo para dejar 2 guitarras acústicas y un bombo. Es hora del momento acústico con “Whorehouse Blues” y se me pone la piel de gallina de escuchar a Lemmy tocar su armónica, con la misma rapidez con la que montaron todo lo quitan y se viene “Ace of Spades” donde mis piernas hacen lo posible para llegar hasta adelante sin éxito alguno y cierran magistralmente con “Overkill”. Los integrantes se acercan para regalar cosas y la gente más que extasiada les aplaude y brinda mejores gritos, el concierto ha terminado.

Saliendo del lugar me encuentro con un solo puesto ilegal, donde un hombre vende bufandas y playeras, por supuesto que aproveché pensando que llegaré con números rojos a México pero feliz de haber visto a Motörhead en su tierra, ahora sólo espero que visiten pronto nuestro país y de seguro ahí estaré.

Me quedo con la frase que tenia tatuada una guapa chica  “LEMMY IS GOD, WE HAVE PROOF”.

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KYUSS LIVES
Noviembre 9, 2011
Circo Volador
Texto Intro: Sergio Alvite (Search & Destroy)
Fotos: Toni François

Kyuss Lives se presentó por primera vez en México y como su nombre lo indica, revivió el poder que su nombre enalteció en los 90. Es verdad que no es lo mismo sin el fundador y guitarrista Josh Homme, pero esta alineación refrenda lo que hace algunas décadas mostró y vivió a cada noche que se presentaban en un escenario.

La cita era muy esperada por quienes siguieron de cerca la carrera de John García, Brant Bjork y Nick Oliveri. Su historia es vasta y la verdad es que la banda que inauguró el Rock en el Circo Volador, El Diablo, también posee amplio abolengo.

Son pocas las ocasiones en que se equipara a grupos que tengan relación entre sí en cuanto a sonido, ello en busca de alguna agrupación que abra los shows. Ayer se comprobó que siempre hay un tal para cual pues El Diablo lleva años tocando y enalteciendo el sonido Stoner en México. Los riffs que ahí sonaron tuvieron clase, cortesía de Iván Nieblas “El Patas” a la guitarra y voz; la sección rítmica fue igual de detonante a las manos de Fernando Benítez en batería y Víctor Jerez en bajo.

Lo mejor de todo es que entre quienes disfrutan de esta música, generalmente lo hacen sin prejuicios y vitorean la calidad. El público recibió con ánimo temas como la abridora “Mirror Love”, o aquella que casi derrite los rostros, “See Men Fall”, cerrando con un exitoso set de psicodelia y honores a Jimi Hendrix en “Voodoo Child/Electric Sex Messiah”. El Diablo sumó más a su legado.

Entre los asistentes se podían ver a muchos miembros de las bandas Stoner nacionales que habían asistido a rendir culto a los padres del género. Por ahí identificamos a gente del Powertrip, Goatzilla, The Mia Zapata, The Sweet Leaf, El Brujo, Occulta, Electric Rush y más. Pronto se haría el silencio y se apagarían las luces, aunque no por mucho tiempo.

Sobre el escenario uno a uno fueron apareciendo. Nick Oliveri apostándose frente a dos voluminosos amplificadores Ampeg, al otro extremo Bruno Fevery quien sonaría su guitarra a través de tres Marshalls. Atrás de la batería el brutal y poderoso Brant Bjork con su paliacate psicodélico en la cabeza. Comenzaron a sonar los primeros acordes de su clásico de clásicos “Gardenia”, sólo para dar paso a la particular voz de John García que sería acompañada por la de todos los asistentes que desde entonces cantarían la mayoría de las rolas de la banda.

Un peculiar juego de tambores nos anunciaba que era el turno de escuchar “Hurricane” seguida de “Thumb” con la que se desató una especie de “slam pacheco” (digamos que era un circulo que avanzaba con lentitud) e incluso hubo algo de crowd surfing, con varios nadando entre las cabezas de los demás. Después llegaría otra clasicota, “One Inch Man” con su cadencioso y pachecón ritmo. El sonido era tan inmenso y contundente que Oliveri había reventado uno de los amplificadores y tuvieron que reemplazarlo con el que había usado El Diablo, el cual aguantaría el volumen y poder del bajista hasta el final. Las inmediaciones del Circo Volador expelían un cierto olor a petate quemado bastante particular, lo cual no era raro si estábamos hablando de los padres de Stoner Rock (cuya traducción literal y adecuada sería Rock Pacheco). Ya entonados fue particularmente excelso escuchar los siete minutos de “Freedom Run” con toda la pesadez psicodélica que trae entre sus riffs. Bruno Fevery estaba haciendo una titánica labor llenando el enorme hueco que dejó Josh Homme, pero no se amedrenta y lo hace a la perfección. Lo demostró de igual manera con su perfecto manejo de los efectos en la instrumental “Asteroid” de su obra maestra Welcome to Sky Valley.

La canción más coreada sin duda fue la sentida “Supa Scoopa & Mighty Scoop” una oda pesada de nostalgia y resignación, donde se funde el rencor y la soledad; por supuesto con su clásico “final de finales” que se extendió más de lo que dura en la grabación. Nos seguirían apaleando con “Conan Troutman”, donde John García demostró que aún las puede todas y que el tiempo no ha hecho merma en su persona, de hecho estaba cantando mejor que en actuaciones recientes que habíamos visto en video. Le seguiría “Odyssey” la cual curiosamente dura 4:20, una cifra clave para todos los stoners, y con la que se desataría de nuevo el slam y los voladores a causa de sus veloces riffs. Los coros se harían presentarían de nuevo con “Whitewater” y sus nueve minutos de espesura y viajes psicotrópicos (el olor a petate quemado era tan intenso ya que los de seguridad no se daban abasto apagando bachas y seguro también ya estaban bien “horneados”).

Hacia el final cerrarían con un combinado de dos canciones apoteósicas: “El Rodeo” ligada a “100°”. Se insistiría en un encore y regresarían para recetarnos con la que nos pondrían en orbita por más de 13 minutos. Al aterrizar nos recibirían con una del Blues For the Red Sun, “Allen’s Wrench” para cerrar definitivamente uno de los mejores conciertos del año con la potencia de “Green Machine”.

Fue un gran concierto, el miércoles quizás no fue el mejor dia para llevarlo a cabo, en un fin de semana se habría visto la diferencia en cuanto a asistencia (aunque no estuvo nada mal) y sobre todo en un mes menos retacado de conciertos. Aun así el grupo estuvo feliz y tras bambalinas expresaban su deseo de volver a repetir la experiencia. Esperamos que no tengan que pasar otros 15 años para volver a verlos.

Más fotos de KYUSS LIVES y EL DIABLO aquí

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BRUJERIA
Octubre 16, 2011
José Cuervo Salón

(Fotos: Jimena Ixe)

El de Brujería fue un accidentado concierto desde un comienzo. La cita estaba marcada a las seis de la tarde del domingo, así que todo mundo asumía que Brujería saldría a tocar temprano para que también los asistentes pudieran irse temprano. Sólo unas horas antes se estuvo notificando en las redes sociales que habría tres bandas abridoras antes de que los cholo-gabachos salieran al escenario.

Es así que comenzó la tortura, pues una banda tras otra nos asestaron más de 30 minutos con su pretendido Death Metal Grind Gore, que al final parecía que las tres bandas fueran una misma y hubieran tocado una sola canción de hora y media. Súmenle a ello que los ingenieros de las bandas, en lugar de ayudarlos parecía que querían sabotearlos pues el sonido era espantoso, sin forma sin definición, más allá del estilo, el audio estaba literalmente asesino. Por supuesto las protestas y rechiflas no se hicieron esperar, aunque hubo algunos cuantos brotes de slam y dos tres matas se sacudieron, pero aquello estaba resultando una tortura. La mayoría de la gente optó por la unica salida que tenía: embriagarse y salir a fumar.

Así que cuando por fin le llegó el turno a Brujería, el personal ya estaba bastante fastidiado y borracho, pero ello no evitò que todo el mundo se pusiera de buenas cuando aparecieron el Fantasma y Juan Brujo liderando a esta pandilla de narcosatánicos. Cuando se escuchó la introducción de “Pito Wilson” los gritos de aceptación no se hicieron esperar. De inmediato continuaban sin tregua con “El Desmadre”, “Cuiden a los Niños”, “Marcha de Odio”, “Colas de Rata” en la que comenzó un brutal slam y “Cruza la Frontera”. Hacen una pausa para anunciar-prometer que el próximo año ahora sí habrá disco nuevo de Brujería. Esta vez no venía con la banda Shane Embury, en su lugar estaba alguien más a quien no identificamos porque traía la cara cubierta. El que sí venía era Jeff Walker, el vocalista de Carcass en el bajo y echando buenos gritos en su español británico. Pero no era momento de estar platicando sino de más música, y qué mejor que una nueva rola: “Angel de la Fontera” y después llegaría “Pititis” en la que se uniría la Coahuilense chica que los acompaña en los coros. El Pinche Peach también andaba por todos lados, pelando sus ojos de loco, iguales a los de la playera de Don Ramón que traía. Así llegarían el “Mecosario”, “El Bajón”, “Vayan Sin Miedo” y la invocación a aquel que se hizo rico vendiendo pura coca, con la ayuda de niños, cantando, rezando y pesando libras de mota: “Cristo de la Roca”. Continuaban con “Brujerizmo”, el grupo ya parecía una banda de hip hop satánico metalero, con cuatro cantantes paseándose por todo el escenario. Se escucha decir “¿cuánto quiere ese pollero?, diez mil varos por cada pinche uno” y todos sabíamos que era hora de escuchar “La Migra”; y luego se pondrían más políticos con “Anti Castro”, “Revolución” y “Echando Chingazos” en la que literalmente se armaron los madrazos. “¿Están dispuestos a seguir los pasos de Pancho Villa?” preguntaban antes de tocar “División del Norte”. En la recta final nos dejaron con “La Ley del Plomo”, “Consejos Narcos”. El Fantasma presentó a toda la banda y se despidieron con su propia versión a la original de los Dead Kennedys, “California Uber Aztlan” y por supuesto la infaltable “Matando Güeros”. Mientras se despedían de la gente en el escenario, estrechando manos y recibiendo cosas al fondo del sonido escuchábamos la versión nacrcosatánica que le hicieron a la “Macarena” simplemente llamada “Marijuana”. A pesar de todos los accidentes e incomodidades del inicio, al final Brujería nos salvó con su poder satánico y sus machetazos.

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DECAPITATED
Octubre 9, 2011
Foro Alicia

(Fotos: Toni François)

Una buena tocada para dominguear en el Foro Alicia con estos muchachones llegados de las inhóspitas tierras de Polonia, digo inhóspitas porque los metaleros no son muy bienvenidos en la casa del Papa.

La lluvia amenazaba hacer de las suyas y dejar sin luz al Foro Alicia pero afortunadamente no sucedió. Extrañamente habría una barricada metálica enfrente del escenario lo cual al transcurrir el concierto probó su efectividad. Abriendo las hostilidades estaba la banda Wanted For Murder, con un sonido bestial que iba del Hardcore Punk al Death Metal, un vocalista rapado y tatuado que exhibía lobos y armas en su cuerpo. El sonido no desmereció en nada junto a los siguientes participantes Tenderizer, quienes no dejaron que los ánimos y la brutalidad descendieran con su Death Metal técnico. Uno tras otro dejaron caer sus temas sobre los oídos de los asistentes. El vocalista era todo un show, haciendo mil muecas y tirándose por todo el suelo del escenario. El único punto malo de su actuación fue que su imagen demasiado simplona no correspondía en nada con la brutalidad y la calidad de su música, no proyectan nada, uno pensaría que hasta puede ser playback. Pero musicalmente son una de las mejores bandas de Metal que estén tocando en México.

Pronto, los muchachos de Decapitated de apoderarían del escenario. No nos habíamos percatado de su presencia pues los integrantes andaban deambulando por el escenario y parecían sus propios roadies. Sobre la tarima se ubicaba el guitarrista Vogg, en la batería con triggers y multiefectos el larguilucho Krimh y al bajo estaba el chaparrín Konrad, en la bestial voz de monstruo se encontraba el regordete y raspudo Rafal. El grupo se había accidentado mientras se dirigían a Rusia, en el percance el baterista Witeck falleció y su vocalista original Adrian quedó en coma. Así que la banda venía un poco sensible y nostálgica pero con todas las ganas de dar un show brutal. Es así que sonaron canciones como “The Knife”, “Pest”, “Winds of Creation”, “Spheres of Madness”, “Post Organic” y “Day 69”. Su actuación no tuvo muchos puntos sobresalientes en cuanto a su actuación en el escenario. Sólo se limitaban a sacudir la cabeza demencialmente y conminar a los asistentes a levantar puños o hacer el slam. Ya entrada la noche el publico dejo el escenario y todos se fueron satisfechos de haber presenciado un magnífico show de una de las mejores bandas del Death Metal melódico.


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POISON IDEA
Octubre 14, 2011
VD+

(Texto: Fernando Benítez)

El centro neurálgico de EUA es el equivalente tridimiensional de la Taberna de Moe, la de los Simpson… para ser más justos, digamos que es sólo uno de los centros neurálgicos y que, en realidad, ya de carne y hueso y cemento y cristal y luces de neón, se trata de un lugar mucho más ‘poético’, de un bar tipo Barfly, el de la película de Bukowski y Schroeder… ahí, lo podría apostar todo, se conocieron los miembros actuales de Poison Idea. ¿Qué haces cuando el tiempo ha pasado y no hay posibilidad ni de fantasear con el retorno del paraíso, o de lo que con la distancia uno llama así? ¿Qué haces si no saber hacer otra cosa a tus cincuenta años? A todos nos aterra ese potencial predicamento. Pero si además has pasado la vida dedicado al rocanrol, en la carretera, formando parte de un grupo legendario, en un primer mundo olvidadizo y despiadado. y peor si esa banda-leyenda no tiene nada que ver con lo que pregona: destrozar ídolos y pedestales.. pa’ pronto: lo estás haciendo por dinero, y no le busques las tres patas al cadáver del guitarrista que se te murió (Pig Champion) y se llevó tu alma guerrera junto con la suya a la nada eterna… está bien; nadie dijo que algo así fuera indigno. Y nadie dijo que por tocar rock subterráneo uno tuviera chance de ponerse a resguardo de las inclemencias del capitalismo… bueno, algunos sí lo soñaron; entre ellos, los punks… y si lo haces bien, si tu grupo de hueseros te apoya y está a la altura, la magia generada no es otra cosa que el poder para transformar el lugar al que vayas en una Taberna de Moe, símil de la isla de la fantasía, pero sin la moraleja ñoña… la noche del viernes estuve en la dichosa taberna mágica, y no me sentí a disgusto.

O no del todo. no había nadie, unas ochenta personas en un lugar que debe albergar quinientas. se me hizo raro, pero no tanto. Desgraciadamente, la gente que trajo a Poison Idea es pro del metal, y ahí la cosa funciona de otra manera. Poison Idea no es metal, pero tampoco es punk arrabalero, de cadenas, sangre y chalecos que digan Putas Ley, Sex Panchos, BUK, Síndrome, etc… no, el quinteto de Portland contribuyó a moldear, haca treinta años, el sonido Hardcore norteamericano, y sus pares son Black Flag, Dead Kennedys, Articles of Faith, SSD y demás habitantes de un limbo desde el cual han criticado por igual a las estrellas comerciales del rock como a los punks vendidotes. Esa escena es ‘consciente’. O al menos tiene por ‘moda’ poner en cuestión muchas cosas, ¿quizá incluso a ellos mismos?… estoy seguro que los organizadores no sabían esto. No es culpa suya, o no del todo. Pero si pensaban que habría tumultos, se equivocaron de lo lindo.. ni la vieja guardia se dejó ver. Yo era de los más viejos, pero los más jóvenes eran no mucho menores que yo…en resumen: no habría portazo, tradición que tristemente se ha perdido. Tampoco habría afluencia de punks anarquistas o activistas, porque el precio ‘de concierto de metal’ asustó a propios y extraños. Sencillamente no había nadie, unos cuantos cuates y miles de cervezas. O quizá muchos pensaban que podía caer la misma gente que siempre ha pagado por ver a DRI, Nuclear Assault, Agnostic Front y otros grupos de raigambre punki. Pero, como ya explicamos, Poison Idea viene de espacios geográficos y mentales muy distintos. su sonido nunca ha sido metalero per se, mucho menos thrasher, pero la velocidad ha influido en grupos sobrevalorados, como Slayer. Y su  manera de construir rolas los acerca más a Motörhead que a los seminales Discharge, con menos blues que el primero, pero con mucho más rock clásico que el segundo. y quizá un ligero matiz a la Ramones.. y aún hoy hay calidad. pero no nos adelantemos.

Abrieron las Black Violettes, a quienes no pude ver por estar saludando a los ‘indignados’ que -con razón – no querían pagar una cantidad desmesurada. Luego siguió Atóxico, o Tóxico A, o como se llamen a estas alturas. hay una solidez perenne o una perennidad sólida en esas rolas, que para mis oídos siguen siendo las mejores del punk mexicano, quizá por el humor y por la mezcla de influencias. Hay ‘consciencia’ (jaja, qué palabrita), pero no necesariamente una sobriedad sádica.. por ahí un par me recordaron a Discharge, pero no sé sin temas del viejo repertorio. La mancuerna de Salinas y América es como agua que riega el humus y hace que florezcan paredes de un ruido infernal, sí, muy Punk, muy Crust, pero asimismo cercano al Stoner y de pronto a la dureza de MC5 o Stooges.

Al poco rato subirían las leyendas, o, mejor dicho el catatónico Jerry A. y sus músicos pagados (¿cuánto puede pagarles, hablando en serio?), no muuucho más jóvenes que él. Jerry o la quintaesencia del gringo. Un anti-Elvis (incluso Tortelvis, el elefante de Dread Zeppelin, es un galanazo, comparativamente) completamente fuera de lugar. Parecía increíble que sencillamente no pudiera habituarse a nuestra ‘otredad’. Le daba un poco de pena expresarse en inglés entre rola y rola, pero eso habla bien de él. No había la más mínima prendidez en su acto. Claro, la edad y la barriga se lo impedían, pero no pude sino extrañar aquellas fotografías en las que se le veía entregado, Moby Dick cabalgando la ola, cogiendo con los capitancitos Ahabs, todo mundo ahíto de anfetaminas y mota, de sudor y whisky, un club de desubicados que me llamaba con el amor de su violencia sónica y de su anti-imagen.. quizá fue la altura del escenario (Jerry bromeó, ‘Si se me ocurre saltar, ¿me cachan?’ …fue su momento más vivaz, vívido, emotivo), que le aterró o le hizo recordar la letra de “Pull My Strings”, de su amigo Jello Biafra: (cuando sea estrella), ‘cantaré desde una escenario de seis pies de altura’… ni estrella ni nada. Un muerto tan fabulosamente grande que la caguama que tenía en mano y que no soltaba parecía ¡una miniCoronita! Sus músicos amarrándose, pero como se amarra un buen equipo de electricistas o albañiles. ellos estaban ahí para resucitar efímeramente un sonido ya muerto… aún así hubo momentos sublimes (o fue la yerba que corrió entre todos nosotros?).

Y aunque el antro es PÉSIMO en términos acústicos, apenas un especie de hangar con bola ‘disco’ para las parejas bailarinas que tal vez jamás llenaron esa pista, pude reconocer unas cuantas favoritas: “Plastic Bomb” y “Just to Get Away”, entre ellas… increíblemente, Poison Idea realizó un proeza: me electrizó (a ratos); me hizo sacudir el esqueleto mientras disparaba fragmentos mnémicos de mi lejana adolescencia ochentera: la habitación de mi amigo Mauricio, en donde varios nos juntábamos y entre la humareda verde rolábamos las portadas de los vinilos que sonaban y sonaban y sonaban y nos invitaban a no crecer jamás, o tal vez sólo para los lados-como-quien-dice, amando el rock para siempre- el rock que era peligroso por el solo hecho de existir, ¡no como ahora! Ah, esas portadas: un Cristo estúpido sobre un fondo rojo, como de bandera comunista; un culo abierto, peludo y horrible, el mismísimo pozo de los deseos de Ian Mackaye (así se llama el disco, pero ése es le nombre del dios del punkantidrogas, vocalista de Minor Threat y los más bien progresivos y extrañamente psicodélicos Fugazi); un montón de acetatos dispersos en una habitación y la leyenda, ‘los coleccionistas de discos son unos auténticos pendejos’ (ME queda el saco ni modo); un narigón que sonríe de perfil mientras una pistola le apunta (su obra maestra, en mi opinión: las letras, la violencia y las imágenes sin duda te hacen sentir la oscuridad que el título proponga)

Una hora de rock pesado y violento. Pero, sí, sólo una pinche hora. Los punks quejosos tenían razón: pagar por una hora de vejetes muy pro, pero nada inmersos en la música, con un sonido ambiente que ni Alan Parsons podría salvar. Jerry no podía respirar. el DF es ciertamente una mierda que nos invade los pulmones cotidianamente, pero no es mi culpa si él se alimenta de lo que los niños le arrojen a su jaula de osos en el circo o el zoo (Cheetos y orillas de pizza, seguramente- y toda la cerveza que pueda beber)… ¡una hora! La rechifla del respetable contingente anárquico los forzó a subir (¡pobre Jerry!) los escalones para ¡sólo una más!!. Vamos, punks: esperaba más de nuestra presencia ahí; unos vasos al escenario, una leve destrucción de los baños, graffiti, la toma del escenario. Sí. en el fondo somos jipis. Le hemos perdonado Jerry su temor a cruzar una línea y borrarla; hemos aceptado que no nos acepte. Shame on us jajaja. Tengo que aceptar que los grupos de metal dan más por el mismo precio, y parecen pasarla mejor que estos homeless antipáticos pero desgraciadamente creadores de gran rock.. para cerrar el círculo de una vez: el rock está en la cuerda floja, para un lado su contracultura, para el otro el capitalismo. de pronto uno puede caer en medio y convertirse en el retrato de Dorian Grey. Poison Idea me hizo vibrar, pero me restregó en la cara el paso del tiempo y mi propio Peter-panismo. la diferencia es que yo soy de los que pagan su boleto para torturarse de esta manera, mientras el instinto menguante de mi cuerpo se mueve sin pedirme autorización. ¿Y quién soy yo para negarme? Feel the Darkness!

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OZRIC TENTACLES
Septiembre, 29, 2011
Voilá, Antara


(Fotos y Texto: Miguel A. Cuéllar Galván)

Hacia el cielo negro escaso de galaxias se erguía el colosal edificio del centro comercial Antara, templo del lujo y la molicie humana. Esa noche del jueves 29 de septiembre,  las entrañas  de aquel monstruo de concreto fueron invadidas por  una horda de unos 400 ñeros, que por los atuendos que vestían se diferenciaban de los  visitantes presentes en los ostentosos bares y centros nocturnos que se encuentran al interior de este centro comercial de Polanco. Digo que se distinguían porque las prendas de brillantes tejidos sintéticos, los vestidos de noche, las zapatillas de tacón altísimo y los uniformes sacos rígidos contrastaban con el algodón teñido de colores diversos y la mezclilla que ataviaba a esos casi 400 ñeros. Aunque entre éstos también se notaban diferencias: los había con uniforme de oficina, otros con vestimenta de metaleros, otros lucían rastas e imágenes de Bob Marley, los había de menos de 20 y más de 40 años. Pero estás diferencias eran superficiales, pues lo que unía en comunidad a estos ñeros y los diferenciaba en verdad del resto de los visitantes del Antara era que iban al Voilá Acustic a escuchar a Ozric Tentacles.

Cerca de las once de la noche, casi llenaron la pista y unas mesas que ocupaban la mitad del lugar. Apareció la oscuridad. Entonces los teclados sintetizados de los Ozric iluminaron de azul el espacio, unos remates contundentes de batería y bajo convulsionaron el pecho de los asistentes y éstos quedaron suspendidos en la hipnosis inevitable que producía la música de esta banda inglesa. Cada tema que interpretaron transcurrió por muy diferentes variantes rítmicas y armónicas, en las cuales el bajo de Brandi Wynne y la bataca de Oliver Seagle formaban una base potente y groovie sobre la que fluía la improvisación de sonidos sintetizados de la guitarra de Ed Wynne; sonidos de delay que multiplicaban las dimensiones del espacio y nos llevaban de regreso al océano de galaxias del que todos venimos. Cada tema nos sumergía en una experiencia fractal.

Los Ozric logran una fusión equilibrada y única de Rock, Funk, Reggae y música electrónica Dance. Sin embargo, a  pesar del groove irresistible que estaban escuchando, sólo la mitad del público entregó su cuerpo al baile; parecía que el resto quería contemplar inmóvil aquel despliegue de virtuosismo.

El equipo de audio estuvo a la altura de esta banda que cuenta con  más de 25 años de historia. Sólo hubo algunos problemas con el bajo. El desperfecto fue aprovechado por la bajista Brandi para tomar el micrófono y preguntar: “¿quién tiene CDs hoy en día? Nadie tiene CDs ¿no es verdad?”. Muchos levantaron la mano para asentir. Entonces, Brandi anuncio al público que en la entrada del lugar estaban a la venta los CDs de Ozric Tentacles, una banda que ha vendido más de un millón de discos sin contar con el apoyo de las grandes disqueras y distribuidoras. La misma Brandi anunció que regresarían después de una pausa de 15 minutos.

Durante esta pausa, algunos ñeros del público se quejaban de que los habían hecho pisar un lugar tan fresa. No obstante, esa actitud era pura gruñonería sin motivo, pues por el mismo precio que se paga en otros centros de espectáculos todos pudieron disfrutar de un buen audio y de una relación más cercana con los músicos: los más alejados estaban a 10 metros de ellos.

Volvieron al escenario y continuaron con una serie de temas con una armonía más progresiva, compases impares, ritmos de bataca totalmente sincopados  y las líneas del bajo, ácidas y groovies a la vez. Muchos de aquellos espectadores pasivos salieron de su inmovilidad  y el baile se hizo generalizado con el siguiente segmento de rolas en las que la batería sostenía contundente un ritmo monótono pero enganchador. El guitarrista Ed Wynne, fundador de la banda, viendo a la gente que bailaba poseída a sus pies, iba de la pedalera de efectos de guitarra al teclado y  de ahí al rack de sintetizadores, con cuyos sonidos encendía aún más la danza de los cuerpos. El tecladista Silas Wynne, hijo de Ed, volvía infinitas las dimensiones de aquella atmósfera cósmica, creando frecuencias sintetizadas que iban ascendiendo en tonalidad hasta ser tan agudas que desaparecían de nuestra percepción auditiva. La bajista vio tan prendido al público que decidió dejar el escenario y bajar a bailar con  ellos. Entonces el toquín se volvió un rave que terminó justo a la una de la madrugada.

Los Ozric prometieron volver. Así que hay que estar atentos y correr la voz, porque ver a esta banda en vivo es una experiencia que los amantes del progresivo, la música electrónica y la fusión no se deben perder.

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EARTH
Octubre 8, 2011
Lunario del Auditorio Nacional

(Texto: Fernando Benitez)
(Fotos: Toni François)

Llegando un poco tarde a causa de la lluvia y la necesidad de ponerme a tono, me adentro en el recinto y escucho un ruidajal sin ton ni son. engañosa primera impresión. Sutra (¿de Guanatos?), cuarteto de improvisación loca/noise/posmoderna. demencial. poco a poco fui concentrándome, aunque la falta de público no permitía ningún calor, ningún tipo de ‘solidaridad humana’. cuando más cien personas, ciento cincuenta, dispersas por un lugar que siempre suena bien, pero que parece más apto para Emmanuel o los proyectos ‘serios’ de Benny Ibarra (¡prtttt!), con meseros y seguridad trajeada y toda la cosa (la gente JAJA, podía fumar si se perdía entre el pequeño grupo que siempre se pone al frente para verle mejor los pies y las arrugas a las estrellas). En fin, la gente deambulaba, sombras en un limbo exasperante.

El ruido de Sutra, de pronto, me transportó. sólo tuve que obligarme a dejar de mirar la sala vacía y cerrar los ojos. dividí el ruido en capas. el bajo fuerte y de líneas sencillas; la guitarra elefantástica, como Adrian Belew o Fred Frith o Fripp o Thurston Moore, el DJ electrónico sampleando horrores mecánicos sacados quizá de un disco de Cluster o de series televisivas de ciencia ficción setentera. En efecto, menos Sonic Youth y más Krautrock en idea, bastante bien. PERO el baterista (con máscara de luchador, siguiendo la moda), un virtuoso, no paraba de dar tamborazos A LO PENDEJO. La gente sigue confundiendo el krautrock y demás improvisaciones rockers con el Free Jazz, que es muy chingón, en su contexto. El resto de Sutra parecía saber más de qué iba el asunto, buscando ambientes, armonía en el caos, repetición. Por favor, si los de este grupo están leyendo esto, les pido que a su baterista (que alguien señaló que era un suplente) le comenten que el baterista de Can se volvió sencillo, casi una máquina de ritmos, casi un autista mágico, porque cuando tocaba free jazz, un hippie se subió al escenario para decirle, ‘hermano, tus acrobacias están muy bien, pero el chiste está en el trance’… buena banda, en general.

Se me hace chistoso ver cómo ahora, inmersos en esta posmodernidad locotrónica, grupos como éste traen un personal vestido ‘decentemente’, pelito corto y suéter sin agujeros, muy college.. en mis tiempos, y en los tiempos de los hippies y freaks, esta música hubiera sido tocada por bandas como Decibel o Henry Cow, puro macizo con la greña deslavada hasta el suelo. Era parte de la contracultura, claro, y supongo que nada de eso importa ahora, pero de cualquier manera me parece triste.

Earth: tocó poco, pero la lentitud de su grandes odas a la catatonia son lo más cercano que tenemos a los eones que describe Lovecraft. Un sonido impecable, aunque quizá me hubiera gustado un poco más de volumen. Tres chicas y un hombre: desde mi punto de mira, la baterista y la cellista (¿así se escribe?) semejaban dos sirenas entradas en años, milenarias, que con el fondo psicodélico en azul, nadaban hacia mí, y yo dispuesto, pero no llegaba, no llegaban… impresionantes los silencios entre un acorde y otro. Tanto que la gran baterista ( una giganta con marcada influencia jazzera y un extraño destiempo mucho más interesante que los desplantes circenses del bataco de Sutra) tenía que hacer justamente unos braceos como de ballet para no disolverse en la espesura de los silencios al interior de las rolas. Doom sin necesidad de echar mano del Metal, más bien de escalas campiranas o, sí, una vez más, jazzeras o de Blues.

De hecho, para los que no sepan, Earth comenzó a finales de los ochenta siendo el grupo más lento del mundo, pero poco a poco fueron hallando una cierta ‘movilidad’ gracias a la incorporación de instrumentos percusivos o ajenos al Rock. ahora, y cuando menos desde el álbum Pentastar, del 96, su música es como un baile de estatuas reacias a su petrificación, como si la Medusa hubiera perdido parte de sus poderes justo mientras lanzaba su embrujo sobre los pobres incautos. El concierto comenzó con “Old Black” y “The Bees Made Honey…”, que, para los parámetros del cuarteto, son Speed Rock o al menos ‘música alegre’. Pero hacia el final, ya inmersos en la oscuridad de los ángeles, los demonios intentaron crear luz en el abismo y la cosa se puso densa. La combinación del bajo Stoner, tipo Geezer Butler o Al Cisneros, con la guitarra de la pradera (como las que usa Tom Petty o chance Neil Young, no me he fijado) y el cello crearon un muro delicioso o pesadillesco, pesadísimo, que a fin de ser apreciado dependía de la disposición de cada quien para volver no sólo a ser el reptil que aún llevamos en nuestras células, sino al mismísimo mineral que alguna vez dio un salto cuántico, tembló y se transformó en lo orgánico. La imagen, para quien tenga el recuerdo, es la del Chac Mool del disco del grupo mexicano del mismo nombre (¿Nadie en Especial?).

La brutalidad en cámara lenta de las dos últimas ‘piezas’ fue en descenso, como algunos de mis sueños, en los que tengo que bajar las escaleras de casas embrujadas o abandonadas hacia una oscuridad total. la diferencia es que aquí fuimos todos hasta el final, porque no había manera de despertar a otra realidad ‘más despierta’- pero el final fue grato, a pesar de que un amigo me dijo al oído, ‘hermano, ¡me estoy fosilizando’! Earth constituye la envidia de los grupos más densos, seguramente: de Cathedral a… Dead Can Dance. Y lo mejor de todo: al terminar, en lugar de encerrarse en su camerino, como seguro hizo gente como Mike Patton (con sus matones) o incluso mis queridos Melvins, todos los integrantes se mezclaron con el público para platicar unos minutos, en lo que la amable gente de ese lugar ‘nice’ nos ‘invitaba’ a salir a la intemperie y a la soledad de la gran noche mexicana.
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IMMORTAL
Octubre 7, 2011
Circo Volador

(Fotos: Toni François)

Dentro de las contadas veces que se han presentado actos de Black Metal en México, las visitas de Immortal son las más socorridas por los fans del género. Esta vez la ocasión era especial pues el grupo se había ausentado de tierras mexicanas por 10 años.

Sin embargo, a pesar la prolongada ausencia el grupo retacó el Circo Volador para ensombrecer el ambiente, que además tuvo como marco una fina pero intensa lluvia, marco perfecto para una banda de Noruega, quienes seguro se sentían como en casa (recordemos que son originarios de la capital mundial de la lluvia).

Abriendo las hostilidades comenzó la banda Evilbasher, procedentes de Ciudad Juárez, aunque algo nerviosos conforme fueron pasando los minutos de su breve set, fueron cobrando confianza y la gente les respondió muy bien, seguro más de uno les seguirá la pista.

Acto seguido el telón se habría para dar paso a Abbath, Horg y Apollyon, los tres entes que juntos crean ese monstruo que es Immortal. Al fondo del escenario una manta con unas tenebrosas montañas enmarcaban la presentación de este poderoso trío.

Se extrañaron las antorchas y los actos escupefuego de Abbath (nos extraña que Gene Simmons no los haya demandado por “robarle” el maquillaje y el “acto”), a cambio fueron reemplazados por una cantidad exagerada de hielo seco-humo-neblina que apenas dejaban ver a los integrantes de la banda. Había que estar muy adelante para distinguirlos claramente. Seguramente para quienes estaban más alejados del escenario fue una molestia pues solo se distinguían las siluetas de la banda atravesando un espeso banco de niebla. Evidentemente esto es parte de la idiosincrasia de la banda, evocando los paisajes helados de su tierra natal.

Aun así el grupo descargó lo mejor de su repertorio desde “Sons Of Northern Darkness” pasando por “Solarfall”, “Tyrants”, “Damned In Black”, hasta algo de su último álbum e incluso algo del proyecto alterno de Abbath, simplemente llamado I. Ni esta diabólica banda se salvó de las muestras nacionalistas, cuando les pasaron un sombrero de charro. Es bueno saber que al menos no se lo toman tan en serio como muchos de sus fans-policías. Fue extraño no ver fans con el tradicional maquillaje de corpse-paint. Al parecer el grupo no estaba preparado para semejante respuesta del público mexicano pues prometieron volver y que no pasarían otros diez años para ello.

MAS FOTOS DE IMMORTAL EN BLANCO Y NEGRO EN ESTE LINK
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JUDAS PRIEST
Septiembre 30, 2011
Palacio de los Deportes

(Fotos: Ciro Gutiérrez)

Una vez más los Dioses del Metal, el Sacerdote Judas pisaría tierras mexicanas. Esta vez la ocasión era especial y emotiva, se trataba de la última vez que los veríamos tocando sobre un escenario. La gira Epitaph marcaba con su nombre el final de Judas Priest como banda en vivo (aunque ya preparan la salida de un nuevo álbum).

Ante un Palacio de los Deportes medio vacío los encargados de hacer frente a las Huestes del Metal que comenzaban a reunirse bajo el domo de cobre fueron los Whitesnake, quienes ya habían acompañado a Judas Priest en México en 2005. La última vez que vinieron, a pesar de contar con el demoledor Tommy Aldridge en la batería, no les fue tan bien con el público nacional. Sin embargo, esta vez David Coverdale venía recargado y con sed de venganza. Así lo dejó sentir cuando después de sonar “My Generation” de The Who salieron al escenario con los pesados riffs de “Best Years” del álbum Good to Be Bad. El grupo estaba compuesto por otros cinco músicos, muy jóvenes, entre ellos Reb Beach, el mismo que se hizo famoso con los hórridos glameros Winger. Coverdale estaba haciendo gala de una extraordinaria voz, como si fuera el mismo joven impetuoso que varias décadas atrás lideró a Deep Purple, supliendo a Ian Gillan. Continuaban con una trilogía de canciones amorosas, “Gimme All Your Love”, “Love Ain’t No Stranger” e “Is This Love”. David hacía señas fálicas con el atril del micrófono. Reb Beach y Doug Aldrich haciendo un magnífico trabajo de guitarras gemelas, intercambiando solos y además haciendo armonías vocales. Presentaron algo de su nuevo material “Forevermore” que le da nombre a su nuevo álbum, seguida de solos virtuosos de Beach y Aldrich, para después continuar con “Love Will Set You Free” y dejar al baterista Brian Tichy con su solo lleno de malabares; llegó un punto en el que arrojaba una baqueta y la cachaba, hasta arrojar todo un arsenal y poner a sus roadies a sufrir cachando baquetas. Cerrarían con las clásicas “Here I Go Again” (en la que nos preguntamos si invariablemente se acordaría de su suculenta ex esposa que aparece en el video cada vez que la canta) y “Still of the Night”. Coverdale puso el logo de Whitesnake en todo lo alto con una estupenda actuación que seguramente sorprendió a los escépticos y deleito a los fans de hueso colorado.

Antes de que saliera Judas Priest, algún espontáneo se encargó de mantener los ánimos arriba al hacer un show por los pasillos del palacio, tocando su “air guitar” e invitando a todos a cantar, mientras sonaban rolas de AC/DC. De haber sido los empresarios, nosotros lo habríamos contratado inmediatamente como animador oficial de todos los shows. Otro momento que enchinó la piel fue cuando sonó “War Pigs” de Black Sabbath y el Palacio de los Deportes totalmente lleno la cantó a todo pulmón. Fue emocionante y estremecedor.

El escenario estaba listo para que Judas Priest saliera al escenario. Una enorme manta detrás rezaba “Welcome to the Home of British Steel”, flanqueados por unas enormes calderas con cadenas y el grupo atacaba ya con “Rapid Fire”. Sin embargo de inmediato algo no checaba: Ritchie Faulkner, el reemplazo de KK Downing quien decidió salir de la banda antes de emprender el tour, se salía de los estándares de lo que estamos acostumbrados a ver en un show de Judas Priest. Faulkner prácticamente pensaba que era SU grupo y llegaba hasta el frente del escenario, posando, haciendo muchos aspavientos que hacían imposible no verlo. Por supuesto que el tipo toca muy bien, de hecho (contrario a la costumbre) compartió los solos de la mayoría de las canciones con Glenn Tipton (cosa que KK Downing jamás hacía salvo en algunos temas). El hecho de verlo vestido a la usanza de Downing hacían pensar que era como ver a Tommy Thayer fingiendo ser Ace Frehley en KISS. Faulkner pretendía verse como Downing pero actuaba más como Randy Rohads y Zakk Wylde. Ni siquiera hacía el “paso Judas” junto a Glenn y Hill. Por ahí me dijeron “dale chance, es el primero grupo donde toca en el que no lo abuchean, como en la banda de Lauren Harris de donde salió”.

Aun así el grupo dio un magnífico espectáculo, muy emotivo, recorriendo la mayoría de su discografía. Suena “Metal Gods”, “Heading Out to the Highway” del olvidado Point of Entry, y algo del Angel of Retribution, “Judas Rising”.  Rob Halford anunciaba cada canción del recorrido que estaban dando en la banda y se fueron muy atrás con “Starbreaker” del Sin After Sin con buenas animaciones en la pantalla detrás de ellos, casi Pink Floydeando. La ligaron con “Victim of Changes” del segundo álbum, Sad Wings of Destiny. Al terminar se remontaron al primer álbum de la banda, Rocca Rolla “donde comenzó esta aventura llamada Judas Priest” apuntaba Halford y sonaba “Never Satisfied” para sorpresa de la mayoría. La producción del show fue de primera, había explosiones, fuero, rayos láser, y la pantalla que mostraba portadas de los álbumes y animaciones al igual que varias mantas. Ni que decir de Halford que casi cada canción cambiaba de vestuario, más que Madonna y Lady Gaga juntas, lo mismo eran chamarras con clavos y estoperoles, que gabardinas, capas y túnicas.

Continuaban con el cover a la original de Joan Baez, “Diamonds and Rust”, que ya es más de Judas que de la propia Baez. ¿Y qué hacía Ian Hill? Como siempre en su esquina, ahí calladito, con sus estoperoles, tocando su bajo que parece que no hace nada, pero le da a la banda la profundidad necesaria para que suene contundente. Los asistentes más jóvenes se emocionan cuando suena algo del más reciente álbum, Nostradamus, la elegida es “Dawn of Creation/Prophecy”, de igual manera lo hacen con “Nightcrawler” la cual suena con gran fuerza y potencia mayor a la original. Hasta que llega “Turbo Lover” de ese polémico disco que les valió tantas críticas por usar “guitarras sintetizadas” que los acercaban peligrosamente al New Wave, el enemigo acérrimo del Metal en los 80. Para entonces ya los ánimos están encendidos y algún tarado arrojó dos vasos de algún líquido que seguramente no era cerveza al escenario.

Uno de los grandes momentos fue cuando tocaron “Beyond the Realms of Death” del Stained Class, canción épica que dejó a Glenn Tipton lucirse con los solos en grande. Continuaron con “The Sentinel” y “Blood Red Skies” esta última poquísimas veces tocada en vivo, para luego comenzar a subir el tono y ánimo con “Green Manalishi (With the Two Pronged Crown)” original de Fleetwood Mac, pero mejorada muchísimo por Judas Priest. Sin duda el punto más alto del concierto fue cuando Halford comentó que 1980 fue un gran año para el Metal, “teníamos muchas bandas como Iron Maiden, Saxon, Scorpions, Def Leppard, Motörhead y Judas Priest estaba en medio de todo ello, esta canción se se convirtió en algo icónico para los amantes del Heavy Metal”, y de inmediato comenzarían los inconfundibles acordes de “Breaking the Law”, la cual no fue cantada por Rob sino por todos los asistentes que se unieron en una sola voz, la voz del Metal, es un momento estrujante sin duda. Mantienen la vibra con un pequeño solo de Scott Travis que sólo anuncia la llegada de “Painkiller” que vuelve loco a todos. Es entonces que las sillas que erróneamente fueron colocadas en la pista comenzaron a volar, no al nivel del legendario concierto de Pantera y Metallica, pero muchas sí volaron sobre la cabeza de los Lobos de seguridad, para dar paso a varios mini moshpits que se distribuyeron en diferentes lugares de la pista.

Se van, sólo para regresar con “The Hellion/Electric Eye”, para después salir con motocicleta y látigo, muy a la usanza de macho leather, e interpretar “Hell Bent For Leather”. Se retiran una vez más y vuelven, con “You’ve Got Another Thing Coming” y Halford arropado en la bandera mexicana, y en uno de esas excesivas muestras de nacionalismo innecesario, la besa, para emoción de muchos. Aún habría un tercer encore, el último, el definitivo, cerrando con “Living After Midnight”, despidiendo la noche, la gira, un escenario, una carrera, una banda entrañable con la que millones crecieron por cuatro décadas.

Adiós a los Dioses del Metal que nos dejaron un mensaje: “Keep the Metal Faith!”

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SYSTEM OF A DOWN
Septiembre 28, 2011
Palacio de los Deportes

(Fotos: Toni François)

Para la generación que fue adolescente a mediados de los 90 System of a Down representa uno de los baluartes de la música pesada. Jamás se presentaron en México hasta el día que ya se había pactado con anterioridad en el calendarios

Para calentar el ambiente los elegidos fueron los hermanos Tranquilino, Arturo y Antonio, quienes ya tienen varios años tocando juntos bajo el nombre de Yokozuna. Sólo con batería y guitarra hicieron vibrar el escenario del Palacio, aunque por las mismas condiciones del recinto sí se notaba más la ausencia de las frecuencias graves que les habría proporcionado la presencia de un bajo (o un octavador en todo caso). Sonaron “Slam y Minifaldas”, “No Mames Que Todavía Sigues Aquí”, “Salpicame”, “Boom Boom”, el puro Rock aldeano quienes aguantaron bien algunas rechiflas de los impacientes fans de SOAD.

Cayó una manta blanca en la que apareció el nombre de la banda, entre un griterío histérico de los presentes, quienes se emocionaban por cualquier guitarrazo o golpe de batería que hacían los roadies.

La espera terminó cuando se apagaron las luces y comenzaron a sonar los riffs de la “Prison Song”. Las figuras de Daron Malakian, Serj Tankian y John Dolmayan se veían reflejadas en la manta que los cubría, la cual cayó cuando entraron de lleno a la canción.

En las primeras filas todo era fiesta y caos, sólo se veía a la gente arremolinarse de un lado para otro en piezas como “B.Y.O.B.”, “Revenga”, “Needles”, “Deer Dance”, “Radio/Video” e “Hipnotize”. Riffs veloces y pesados combinados con ritmos arabescos, por momentos sacaba de onda ver a los SOAD bailando como virreyes en playa cancunense, pero al recordar que son armenios se entiende el motivo de sus movimientos súbitos.

La descarga de adrenalina seguía con más piezas, sin parar, desquitando los años de ausencia “Question!” “Suggestions”, “Psycho”. Y después el Palacio estaría a pinto de caer cuando llegó “Chop Suey”, con lo que se desató un huracán humano al ritmo de los machacantes riffs de Daron Malakian. Aquello se había convertido en una masacre, al menos en ese momento, porque alternaban canciones veloces con sus canciones más calmadas.

A lo largo de mas de 20 canciones System of a Down ofreció un primer concierto en México que debió haber sucedido hace 10 años, pero bien dice el dicho: más vale tarde que nunca.

MÁS FOTOS DE SYSTEM OF A DOWN AQUÍ

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THE KILLS
Septiembre 14, 2011
José Cuervo Salón

(Fotos: Toni François)

Seis años tuvieron que pasar para que uno de los mejores dúos de Rock pisara de nueva cuenta tierras mexicanas. En aquella ocasión venían cobijados por su segundo álbum, No Wow, y dieron un magnífico show sorprendiendo y cautivando a quienes privilegiadamente los vimos.

The Kills no es una banda carrerista, no andan buscando “hacerla”, el éxito que han tenido ha sido gracias a su constancia, su dedicación total al arte que hacen y a una necesidad de expresión que no acepta límites monetarios o de éxito fatuo. No son complacientes, la gente se complace con lo que hacen.

Es por ello que simplemente salen al escenario, saludan y de inmediato comienzan con “No Wow”, se escuchan cientos de gritos, la mayoría femeninos. Alison Mosshart, con cabello rosa-rojo se adueña totalmente del escenario. “Tendrás que pararte sobre mi cadáver antes de que salgas por esa puerta, me embrujaste con tu magia”. La caja de ritmos marca el compás al que se mueven los cuerpos, la mayoría vestidos de negro, mucho animal print y cuero negro. Jamie Hince se mantiene concentrado en su guitarra, ajustando, midiendo.

Le sigue “Future Starts Slow” de su más reciente trabajo, Blood Pressures. Alison sigue controlando a la audiencia, se nota que el tiempo que pasó siendo frontwoman en The Dead Weather le sirvió bastante. “Puedes gritar, puedes aullar, puedes borrar lo que queda de mi mente sana”. Ya no es la chica de actitud punk que se escondía tras el cabello negro, ahora maneja al público a voluntad, basta que se acerque a la orilla del escenario para que las chicas se vuelvan locas y surjan decenas de celulares buscando llevarse un pedazo digital de The Kills.

“Cheerios” brinda Jamie con nosotros y de inmediato continúan con “Heart Is a Beating Drum”, una canción rítmica, cadenciosa. “Envía tu amor a arrasar, dale todo lo que tienes, y cuando la odies, enséñale más que una chispa”. Ella se cuelga la Rickenbacker, él sigue atado a sus cuatro amplificadores Vox, un mini Ampeg y la omnipresente caja de ritmos, haciendo sonar su guitarra Hofner como si fuera un grupo de 20 integrantes. Todo enmarcado por una gigantesca manta de imitación de piel de leopardo. Jamie ataca con golpes de delay saturado, ella acentúa con sus cuerdas. Se juntan hacia el final de la rolla y ella se recarga en su hombro cariñosamente.

Llega “Kissy Kissy” con sus ritmos orientales y surge un olor a petate quemado por todos lados, la canción es hipnótica, las luces se tornan rojos, como fumadero de Opio, como club sórdido de Londres. “Ya hace mucho que lo esperaba, voy a apuñalar tu besable, besable boca”. Manteniendo la hipnosis llega “URA Fever” con un tono un poco mas sexoso pero igualmente pacheco.  “DNA” permanece en la tónica. “Baila hasta que sea suficiente, ama aunque no haya amor alrededor” nos dice Alison y todos obedecen.  Llega el sencillo de Blood Pressures, “Satellite”, el Reggae Punk Blues se apodera del recinto, todos se bambolean a su ritmo. En la parte del medio, todo mundo está cantando como una sola voz, es un momento estrujante. “Operadora marca de nuevo, operadora no te la lleves también, la he amado por tanto tiempo, no la ames tú también”.

Cuando llega “Tape Song” todo mundo está vuelto loco, dejando el trance pacheco y regresando al Rock. Jamie apuntala bien con su guitarra y se arrodilla junto a Alison . “El tiempo no va a curarte cariño, al tiempo le importa una mierda, el tiempo sólo va a golpearte”.  El paroxismo total se da cuando suenan las primeras notas de “Baby Says”, humedades y humo emergen de todos lados, cuando la luz amarilla los baña, para que nos canten “la nena dice que se muere por conocerte, salir contigo y hacer tu sangre zumbar”, la melodía de Jamie encanta, como flautista de Hamelin, Alison lo acompaña al teclado. Jamie termina sobre el monitor, saludando como soldado. Otra del Midnight Boom, las palmadas anuncia que se trata d “Black Balloon”, Jamie acentúa el ritmo golpeando un par de tambores con gruesos baquetones. Alison tiene de nuevo al público en sus garras, dóciles corderos al matadero. Nos asesinan con la cortante guitarra de “You Don’t Own the Road”, un buen reality check para algunos demasiado powertripeados: “no eres dueño de los verdes pinos, del cielo azul o del humo, no eres dueño del polvo en tus grandes ojos cafés”. Se despiden con “Sour Cherry” que deja a todos vibrando de excitación, pero nadie se va. Sólo ellos a refrescarse, a dejar el sudor en una toalla, otra ropa.

Regresan para hacer llorar a todos con “The Last Goodbye”, preciosa y ninguneada canción de su último álbum. Alison se mantiene estática, con un saco de colores brillosos. Al final de la canción observa a todos muy seria, es un momento sublime, se crea una tensión eléctrica entre la cantante y el público que se rompe con los aplausos. Después todos bailan con “Last Day of Magic”, nos cantamos “el último día de magia y ¿dónde estás tú?, mi pequeño tornado, mi pequeño huracán”. Los tambores vuelven a hacerse presente, Alison los golpea mientras ambos cantan “Pots and Pans” una analogía cocinera sobre la desesperanza por el que se va, “No puedo encontrar suficiente ollas y sartenes, mucho menos cuchillos en mi cocina, para mantenerte cocinando”. Hacen una pausa para agradecer a toda la gente que fue a sus conciertos, a su tour manager y Alison dice “esta es la última noche de la gira y nos alegra mucho haberla pasado con ustedes”. Para terminar con nosotros nos fulminan con “Fried My Little Brains”, y así nos dejan, literalmente fritos, deseando que no tengan que pasar otros seis años para volver a verlos.

 

Más fotos del show de The Kills en Tono.tv

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OPETH

Heritage
Roadrunner, 2011
8/10
por Adriana Nájera

Sin duda, Heritage de Opeth es uno de los discos más esperados del 2011. Desde la presentación del arte del álbum, se pronosticaba que la banda había preparado algo que no estábamos acostumbrados a escuchar. Desde hace algunos meses, al presentarse la imagen que tendría esta nueva producción, esta empezó a crear reacciones entre sus frecuentes escuchas y a generar bastante expectativa. Hace unos días que ya varios hemos tenido la oportunidad de escucharlo, y efectivamente, Opeth nos sorprende entregándonos un trabajo que dista mucho de sus anteriores producciones e incluso desafía el agrado de sus acérrimos fans metaleros, orientando su sonido hacia un Progresivo más clásico.

En el álbum se escucha una gran evolución, paradójicamente lograda mediante lo “retro”. Volver a lo básico en cuanto a composición y estructura en la melodía. Se elimina la voz gutural para dar espacio a la voz limpia de Mikael Akerfeldt. La distorsión en las guitarras disminuye, alejándose de aquel sonido deathmetalero que alguna vez nos brindó la banda. Los arreglos y efectos de estas, son mucho más limpios. Siguen existiendo fragmentos de guitarra acústica, característicos del trabajo de Opeth, pero esta vez  aunados al melotrón, flautas y teclado nos recuerdan más al sonido de bandas de Rock Progresivo de los 70.

En disco abre con  “Heritage”, una pieza instrumental en piano que nos sirve como antesala para no saber qué esperar. Luego, llegan los primeros segundos de “The Devil’s Orchard” con un trabajo de batería bastante preciso, que nos ubica de inmediato en el Rock Progresivo. El guitarrista Fredrik Akesson realmente brilla con su solo de guitarra hacia el final de la pista. Como en todos los trabajos de Opeth, encontramos una musicalidad impecable. Temas como “I Feel The Dark” “Slither” y “The Lines in my Hand” resaltan esa estructura musical que va de lo suave a lo fuerte y termina otra vez en lo suave, tan propio del trabajo de la banda. Martín Méndez hace una gran labor con el bajo.

En “Nepenthe” y “Häxprocess” se percibe gran influencia de Jazz. Cabe destacar el gran trabajo del baterista Martin Axenrot cuya ejecución y cambio de ritmo, posee una limpieza y precisión sorprendente. “Famine” atrapa y se distingue por su gran fuerza y la incorporación de flautas muy al estilo de Jethro Tull. En “Folklore”, destaca la parte del piano casi al final del track y la atmosfera que este logra crear. El álbum cierra con otra canción instrumental, “Marrow of the Earth” en la que se mezcla guitarra acústica y eléctrica y que bien logra recordarnos el sonido de la banda en sus trabajos anteriores.

Se nota mucho el crecimiento musical de los integrantes. Hay una propuesta muy clara y una sólida integración de los sonidos en el disco, cada una de las canciones en el álbum tiene momentos brillantes. Sin embargo, llama la atención su ligereza. Opeth siempre nos ha dado canciones complejas, extensas, llenas de atmósferas y sonidos de van desde lo más armonioso hasta lo más denso. En este caso, los temas son redondos y de duración relativamente corta. Las letras de las canciones también son, a mi parecer, un poco más simples.

Heritage puede conquistar el oído de un fan del Rock Progresivo desde la primera escuchada y puede ser sumamente difícil de escuchar para aquellos fans de Opeth que están acostumbrados a un sonido más orientado al Metal. Aún así, este es uno de esos discos para escuchar una y otra vez, hasta notar cada detalle. Se nota mucho la intención de la banda, de experimentar y haber obtenido el tipo de trabajo que pretendían lograr. No se puede precisar si el objetivo de la banda es llegar a otro tipo de público con este disco, cosa que seguramente pasará. Habrá también quienes estén insatisfechos con él, pero como lo dijo el propio Akerfeldt “supongo que alzará algunas cejas y tomará un tiempo digerirlo…”

Finalmente, Opeth siempre se ha distinguido por saber reinventarse y su enorme evolución se nota realizando un viaje auditivo por cada uno de sus discos.

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CAVALERA CONSPIRACY

Blunt Force Trauma
Roadrunner, 2011
8/10
Por Carime Aguilera

Este es un disco del que no esperaba mucho, soy de las personas que se quedan con el viejo Sepultura y en este disco quien, según yo, era el alma de la banda sacó el cobre y me dejó con muy buen sabor de boca. Una introducción tajante y el primer tema, “Warlord”, nos sugiere lo que viene: sonido comprimido con pocos elementos pero lleno de poder. De ahí el beat se acelera en “Torture”, con riffs crudos, perfectos para el mosh. Los siguientes temas mantienen moviendo la cabeza a pesar de ser mas melódicos, desde “Lynch Mob” hasta “I Speak Hate”, domina la influencia hardcore agresivo y bien elaborado que distingue a la banda;  batería con mucho brillo y solos a la vieja escuela, llevados a la perfección por el bajo, breakdowns densos y oportunos abundan en el resto del disco. “Burn Waco” es una amalgama de estilos de estilos, y cambios de velocidad bastante interesante, para mi gusto, el mejor tema. Un trabajo que va de lo sencillo a lo complejo y no te deja estar quieto desde el principio, thrashero con tintes Death y obscuro; nada nuevo pero muy bien hecho. El último tema le da el nombre al disco “Blunt Force Trauma” y con justa razón, ahí se resumen todos los elementos del disco, además de dejarte con ganas de escuchar más.

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LYKKE LI

Wounded Rhymes
LL/Atlantic, 2011.
8/10
Por Rosario Borbolla

La primera vez que escuche a esta chica sueca, fue en las películas de adolescentes vampiros de moda, con el tema “Possibility”, así que cuando le puse play al disco, sinceramente pensé  “será tipo emo: mi amor imposible no sabe ni que  existo”, pero todo lo contrario. Me encontré con canciones hechas como dios manda. Algunas publicaciones la catalogan como Indie, como todo lo que no saben donde poner, pero ¿a quién le importa la etiqueta si lo importante es disfrutar su trabajo?. Wounded Rhymes, su segundo álbum, que en sus propias palabras, escribió tras ver varias veces La Montaña Sagrada de Alejandro Jodorowsky, en Los Ángeles lugar donde ella dijo encontrar más luz y calidez que en Estocolmo; pues ya hay suficiente oscuridad en su corazón, como resultado el disco  está perfecto para una “pain list”, melancólico, sentimental y hasta egoísta, pero sin caer en lo deprimente. Al igual que la portada, Wounded Rhymes es un álbum un tanto gótico, las percusiones con toque medieval, su acento que le da una tonada seductora, letras románticas, apasionadas, casi teatrales, incluso algunas  pegajosas, le dan al  álbum variaciones muy buenas que llevan un ritmo y no aburren a la tercera canción.

Los temas:
Para empalagar al novio: “Love Out of Lust”.
Para subirse el animo: “Sadness is a Blessing”.
Para cantar frente al espejo: “Get Some”.

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ODISSEO

Los Salvajes EP
Telly Productions, 2011
7/10

Esta banda nos recordó algunos sonidos ochenteros. Hay timbres de Post-Punk, Synth Pop y New Wave. No está nada mal, un sonido fresco, juvenil, aspiracional, músicos que dominan sus instrumentos (aunque la batería aun se escucha un tanto insegura por momentos). Incluso hay canciones bastante amables, que se pueden ir sin la tentación de oprimir el botón de adelantar como “Ingenuos” “Cabeza de León”, “Pequeño Rebelde”. Sorprende que el cantante es bastante afinado y hace buenas líneas melódicas, ojalá se mantenga así durante mucho tiempo pues es de lo que más padecen los grupos mexicanos. No pueden ocultar su evidente influencia de los Strokes con los teclados oscuros de Joy Division/New Order. Odisseo hace un buen trabajo con este EP, aún no es la banda que vendrá a refrescar la aburrida escena nacional y todavía está en camino de encontrar su propia voz, pero ya dieron un buen paso con este EP, lo siguiente será hacer una grabación con mejor producción y mejores rolas, por ahora ha sido un buen comienzo. Descárguenlo gratis en su sitio www.odisseo.mx

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SONIDO GALLO NEGRO

Cumbia Salvaje
Grabaxiones Alicia, 2011
10/10 

¿Qué carajos hacemos reseñando un disco de cumbias en este sitio? No se trata de cualquier disco de cumbias y tampoco de cualquier banda. El Sonido Gallo Negro es una agrupación que conjunta a varios de lo más prominentes músicos de una efervescente escena de Western, Surf, Garage y Psicodelia que constantemente ofrece presentaciones en el único lugar que los cobija, el Foro Alicia. Entre quienes integran al conjunto están todos los integrantes de los Twin Tones más músicos de Telekrimen, los Calambres y el Dr. Alderete, no sólo en su habitual faceta de diseñador sino también como thereminista y diseñador de las animaciones en vivo de la banda mediante un interesante aparatito llamado Tagtool. El conjunto rescata los sonidos de la misteriosa y macabra Cumbia Peruana, pero gracias a sus influencias de Rock le imprimen un espíritu más juvenil y experimental que los separa de cualquier conjunto de Cumbia al que estuvieran acostumbrados. Les apostamos que jamás han escuchado unas Cumbias que los hagan viajar como la “Cumbia Espantamuertos” o la “Cumbia Amansa Guapas” con sus guitarras vaqueras. Las farfisas conviven con las huacharacas, las pailas, las guitarras con reverb y fuzz, los sampleos de predicadores, la flauta transversal y un sonido lleno de ecos psicodélicos. Todo ello hacen de Sonido Gallo Negro una banda muy especial (y muy espacial), un experimento sonoro que no tiene igual. Pueden bailar o pueden quedarse en estado contemplativo con algunas imágenes como una de las cinco portadas que contiene este álbum, creadas por el mismo Dr. Alderete, Alejandro Magallanes, Mitchell O’Connell, Duy Thang Nguyen y Fabio Zimbres. En vivo esta banda es una experiencia aparte, cuando tengan oportunidad, no duden en asistir a uno de sus shows aunque no les guste la Cumbia o si son cumbiancheros aunque no les guste el Rock, se enamorarán de lo que hace este combo. Nos parece que habría sido apropiado incluir un DVD para sincronizar con el álbum con las imágenes de Tagtool que utilizan en vivo, pero bueno, siempre se puede pensar en una reedición.Escúchenlo y luego nos reclaman, les garantizamos que está mucho mejor que cualquiera de los Arctic Monkeys, Vampire Weekend o Coldplay. De venta en el Foro Alicia y en Vértigo Galería.

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THE CAVERNARIOS

Camino a Varadero
Isotonic Records, 2011
9/10

No es por nada pero el nuevo álbum de The Cavernarios es uno de los mejores que han salido este año. Se antoja una tarea un tanto audaz afirmar eso de un género tan complicado como es el Surf-Garage (por aquello que todo podría sonar “igual”, lo cual en ciertos casos es cierto, pero lo mismo dicen del Death Metal y se equivocan”). Grabado en Primitiv Records y editado por Isotonic Records (la compañía fundada por el Reverendo Acapulco, alias Juan Moragues y el afamado diseñador, el Dr. Jorge Alderete), Camino a Varadero ofrece gran divertimento en menos de 40 minutos a lo largo de 10 tracks, es por ello que no se hace un disco aburrido ni tedioso. Todo lo contrario, desde la tropicalosa introducción de “Palma Sola”, a la que sigue la sublime y extraordinaria pieza que da título al álbum hasta los ritmos más A Go Gó en “Choque de Vientos” (en la que participa Gabriel López de los Twin Tones).  La cadencia tropical se sigue manifestando en “Laguna Verde” en la que hay destellos de lo que hacían Santo & Johnny Farina armónicamente. Trae un bonus track, “Verano” y el nombre le hace toda la justicia: guitarras acústicas, maracas, sonidos de mar; hasta uno se ve transportado a una playa caribeña con sol, cerveza en mano y la brisa del mar pegando en la cara. Sin menospreciar la labor de los demás integrantes, destaca la labor de la “mano chaquetera” de Bustamante quien comanda la mayoría de las líneas melódicas con gran destreza en el vibratto, digno del mismo Link Wray o Dick Dale. Aunque no tiene letra alguna es un disco muy apropiado para salir a la carretera, estar de vacaciones o simplemente prepararse para salir antes de la fiesta (o para la fiesta misma). ¿En qué se distingue de otras bandas del género? La calidad de sus composiciones, no son nada básicas y simplistas como la mayoría, se nota que hay dedicación a cada tema y una inteligente construcción de los mismos. Tendrán que escucharlo para entender de qué les hablo. De venta en el Foro Alicia y en Vértigo Galería.

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MORBID ANGEL
Septiembre 2, 2011
Circo Volador
(Texto: Sergio Alvite)
(Fotos: Adrián Muñoz)

No pasó mucho tiempo para que Morbid Angel regresara a México, tan sólo en 2009 estuvo en el D.F. al lado de Iron Maiden, pero desde entonces estos pioneros del death metal han sufrido cambios, tanto en su alineación como en su sonido y ello se percibió en el show que entregaron en el Circo Volador.

Con una asistencia discreta que no estuvo a la altura de las grandes glorias que vivió la banda a principio de lo 90, la cita fue inaugurada por la agrupación invitada, Zamak, quienes tuvieron ligeros problemas de audio al comienzo; su ejecutar les dio buena respuesta del público para terminar con un sólido concierto en promoción de su Hate Dominion Revenge de 2009.

Minutos más tarde Morbid Angel se postraría en el escenario para abrir con la clásica “Immortal Rites” de su venerado Altars Of Madness, desde ahí se notó su hambre de arrasar en esta velada. Su musicalidad es intacta, como de hace 15 años.

Su visita fue originada por el nuevo LP Illud Divinum Insanus, que data una evolución de los de Tampa, Florida por adentrarse en terrenos industriales, los cuales han causado polémica; aún así los tracks que interpretaron de ese redondo como “I Am Morbid” o “Nevermore”, fueron coreados y es que al calor de los riffs, nadie se negó.

La voz de David Vincent fue completa, así como su actuar al bajo; lo mismo con los integrantes de menos abolengo en la alineación: Destructhor (ex-Zyklon) en las seis cuerdas y Tim Yeung (ex-Vital Remains, Divine Heresy), este último reemplazando al casi perpetuo Pete Sandoval en batería. Trey Azagthoth es un caso aparte, el único miembro original y dirigente absoluto del grupo. Cada una de las canciones que entonó lo hizo a la perfección y es que sino es el mejor, es uno de los guitarristas más sobresalientes de la escena Death. Su magnificencia se vivió en “Maze Of Torment”, “Where the Slime Live”, o la cerradora “World Of Shit”.

A diferencia de muchos de sus compatriotas, Morbid Angel dio un set largo que repasó gran parte de su discografía, pero descuidaron aquellos álbumes en donde no estuvo Vincent.

Sin gran producción de por medio y sólo fieles a su música, Morbid Angel saboreó los rugidos mexicanos y vertió entre su gente un bálsamo metalero de la vieja guardia.

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NUCLEAR ASSAULT / DEATH ANGEL
Agosto 20, 2011
VD+
(Texto: Miguel A. Cuéllar Galván)
(Fotos: Jimena Ixe)

A partir del año 2000 hubo un resurgimiento del Thrash Metal, género que nació hace ya 30 años. Muchas bandas de los ochenta que se habían desintegrado o permanecido inactivas en la década de los  noventa se reunieron a partir de entonces para aprovechar este nuevo boom. Es el caso de Nuclear Assault y Death Angel, las dos bandas legendarias del Thrash Metal que se presentarían en el concierto del día 20 de agosto en el VD+.

Por la importante trayectoria e influencia de estas bandas (ambas se aproximan ya a sus 30 años de vida), había razón suficiente para esperar una entrada realmente multitudinaria. Sin embargo, se hizo evidente que en México estas bandas siguen siendo parte de la escena underground, pues no asistieron más de 600 o 700 ñeros; eso sí, la gran mayoría ataviados con el riguroso atuendo del Thrash: pantalón de mezclilla ajustado, playera negra con logotipo de alguna banda del género y chaleco de mezclilla con parches de más logos de bandas. A pesar de que el público apenas llenó la mitad del lugar, se percibía un ánimo de violenta expectación que invadía aquella discoteca de la Viga: iba a comenzar un concierto de puro Thrash Metal.

La banda mexicana que comenzó a  apalear tambores e hilos metálicos fue Intoxxicated, una banda que ha se ha rifado tocando por todas partes desde hace unos años. Esta perseverancia se vio reflejada en la  excelente interpretación de sus rolas y el apoyo de un buen número de seguidores. Desafortunadamente, el ingeniero en turno no pudo darle a Intoxxicated la calidad de sonido que el PA le permitía. Aun así, encendieron el slam en varias ocasiones. Dejaron la pista caliente para el siguiente grupo de chilangolandia, Lust, una banda que en los últimos meses se ha ausentado de los escenarios multitudinarios. Quizá por esto, el público se decidió a contemplar solamente y escuchar con atención. Tocaron nuevo material: riffs de plumilleo frenético y melodía minimalista, voz furiosa, bataca con tarola contundente, rápida y Punk. Al final de cada una de las 5 o 6 rolas que tocaron, aquel público que miraba quieto en su lugar, estallaba en una sincera ovación de aprobación. Los Lust anotaron a su historial una muy buena actuación. Fue una buena despedida, ahora que dejan momentáneamente los escenarios para ir al estudio a grabar su nuevo LP.

Entonces todos se aglomeraron en la barra de las chelas; querían tener la conciencia suficientemente estimulada para recibir la estridencia de los dos grandes de la noche. Aún era una incógnita quién tocaría en seguida y quién cerraría la noche. Unos discutían sobre qué grupo tenía la mayor jerarquía para cerrar el toquín. Incluso la Rox, guitarrista de Raped God 666, en un gesto de desden a los Death Angel, llegó tarde al show con la seguridad de que Nuclear Assault sería quien cerraría; hizo mal sus pronósticos. “Nuclear Assault es una banda que durante 6 discos no abandonó la ruta del Thrash violento y las letras de contenido profundamente político” decían unos; “Death Angel es una banda que, experimentando, ha enriquecido la musicalidad del Thrash y lo ha hecho evolucionar” decían otros. Pero el sonido de ambas bandas fue tan brutal, que el orden en que tocaron no significó sino que ambas tienen la misma jerarquía.

Apareció Nuclear Assault en el escenario. Un alarido de 700 explotó y los machetazos de “Rise  from the Ashes” encendieron de inmediato el torbellino de ñeros en el slam; así culminaba la espera de 20 años para recibir la estridencia de esta banda de New York. 20 años en los cuales el baterista Glenn Evans, quien justo ese día cumplía años, así como el guitarrista y vocalista John Connelly han envejecido notoriamente. No obstante, el primero tocó de una manera que envidiarían muchos bateristas de generaciones jóvenes. Tocó con tal técnica, potencia y velocidad que sin duda debe ser considerado uno de los mejores bateristas del Thrash (junto con Dave Lombardo, Charlie Benante y Gene Hoglan). Connelly, por su parte, mostró una voz tan aguda como siempre, con esos gritos de timbre peculiar que fusiona perfectamente la esencia del Heavy Metal clásico y el Punk.

Una tras otra, casi sin pausa, sonaron rolas de toda su discografía. La batalla campal del slam fue incesante y multitudinaria; en ella se veía desfilar una amplia gama generacional: desde veinteañeros hasta compas ya entrados en los 40, que lucían calvas o dos tres canas. Era increíble ver a estos últimos soportar en la corriente incontenible de cuerpos que se produjo cuando el bajista Dan Lilker, a quien estos 20 años casi no lo han transformado, tomó el micrófono para rugir “Hang the Pope”. El slam, ritual de la violencia universal, no cesó rola tras rola, incluso con “The Price of Freedom”, tema de su más reciente material, desconocido para muchos de los asistentes. Después el obligado encore, cerraron con “My America”, “HTP”, “Lesbians” y “Technology”. Al terminar este cierre devastador, no que daba más que pedir: ¡que Nuclear Assault viva largamente!

Minutos antes de que salieran al escenario los Death Angel, un ñero  del público  que erróneamente creía que, por sus rasgos asiáticos, los de esta banda eran japoneses, se quitó una playera de Nuclear Assault que muestra a la muerte saliendo de las chimeneas de unos reactores nucleares, diciendo que lo hacía para no traerles malos recuerdos a los nipones que estaban por salir.

Sin embargo, al salir al escenario esta banda de San Francisco, California, todos pudimos advertir que la sangre asiática  ahora es minoría en su alineación, pues no estaban con ellos ni el bajista Dennis Pepa ni el baterista Andy Galeon. En su lugar aparecieron un bajista y baterista blancos, cuyos nombres no se encuentran en el sitio oficial de la banda. Del baterista hay que decir que superó en técnica, velocidad y poder al gran Andy Galeon, y sostuvo infaliblemente un set de rolas devastadoras.

Death Angel comenzó alternando rolas de su material más reciente, Relentless Retribution, y de su primer disco, The Ultraviolence . Así pudimos escuchar el contraste y las continuidades de los dos extremos de su trayectoria. Primero escuchamos “I Chose The Sky”, rola con el tradicional encabalgamiento frenético de los riffs, pero con una dosis de armonía y melodías que le dan un toque de novedad al sonido del Thrash. Siguió “Evil Priest“, rola del primer disco: tañido crudo de cuerdas, con poca melodía y mucha tarola. Después “Buried Alive“ de su penúltimo disco, rola con una cadencia más lenta que evoluciona a una rapidez que provocó un remolino de cuerpos velocísimo, del cual comenzó a salir vapor cuando sonó como tormenta “Mistress of Pain”; tormenta acompañada de las descargas violentísimas y agudísimas de la voz de Mark Osegueda. Otra rola más del nuevo disco, “Claws in so Deep” con una notoria influencia del Nu Metal, pero a pesar de ello con una composición impecable. El slam no menguó hasta que sonaron unos acordes que vitorearon todos los que ahí estaban: eran los acordes de “Heaven & Hell”; la voz de Mark Osegueda encarnó dignamente al desaparecido Ronnie James Dio, y el coro de las 700 voces se oía en el cielo y el infierno.

Durante hora y media los de California desplegaron una energía musical y corporal que delataba la  conmoción que, después de casi 30 años de andar en el rock, aún  los posee en el escenario. Cerraron el concierto otra vez poniendo en contraste su origen y presente musical; tocaron una mezcla de “The Ultra Violence”, una obra maestra del thrash, y  “Thrown To The Wolves”, del disco The Art of Dying, con el cual volvieron a reunirse en 2004. El toquín terminó a la media noche, y aunque muchos se quedaron sin transporte público para volver a sus casas, eso no importaba. No quedaba sino decir: ¡larga vida a Nuclear Assault! ¡larga vida a Death Angel! ¡Larga vida al Thrash Metal!

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DEVIL DRIVER
Agosto 18, 2011
Circo Volador
(Texto: Miguel A. Cuéllar Galván)
(Fotos: Jimena Ixe)

El pasado jueves 18 de agosto, desde los puntos más diversos de la ciudad (oficinas, talleres, changarros ambulantes, escuelas privadas, etc.), unos 800 milicianos del metal cruzaron las calles, ostentando en su mayoría el uniforme de playera negra, en cuyo estampado se leía: DevilDriver.  Por lo que se vio, venían con ganas de convulsionar y bailar la furia del slam. El destino común de todos estos ñeros era el Circo Volador, a donde acudían para participar en el ritual de la maldad profesado por una excelente banda de Santa Bárbara, California.

La misión de calentar los oídos de esta horda ávida de estridencia estaba a cargo de la banda mexicana Muluc Pax, quienes comenzaron el ruidajal con riffs brutales y demoledores que progresaban hacia rítmicas sincopadas, que a su vez se resolvían en riffs de un groove lento y cavernícola. El baterista era rápido, preciso y con buenas progresiones. Esta banda mexica logró enganchar a una tercera parte de los ñeros que ahí estaban; éstos movieron su choya como un martillo. Al final de cada rola clamaba una ovación contundente. En resumen, se rifaron y fueron muy bien aceptados por el público, aunque se percibió monotonía y poca originalidad en en sus composiciones; sus riffs no se alejan mucho de Suffocation, Cannibal Corpse, Necrophagist, etc.

Al terminar Muluc Pax, faltaban 30 minutos para las 21:00,  hora en que saldría DevilDriver. Fue tiempo suficiente para que la banda se alterara con unas chelas y algunos toques de mota clandestinos. Conforme la espera se prolongaba, por los alaridos de los fans y su movimiento corporal se hacia más y más notoria la euforia. Todos se apiñaban cada vez más frente al escenario. La expectación creciente estalló en un estrepitoso rugido del público y los cientos de brazos se irguieron hacia el cielo cuando en la oscuridad del escenario sonó la minimalista y atmosférica intro de  “End of the Line”. Entonces, al mismo tiempo que sonaron los riffs machacantes de esta rola,  se encendieron las luces del escenario  y en él apareció el vocalista Dez Fafara, cuyo dedo índice dibujaba un círculo, indicándole al público que iniciara el remolino del slam. La danza de la furia comenzó a arremolinar cuerpos. Fafara avivó más el fuego que ardía a sus pies, cuando comenzó a lanzar sus  rugidos guturales pero con la cadencia del verdadero rock y colgó de su micrófono una bandera mexicana.

A pesar de que DevilDriver se presentó con un bajista suplente (John Miller se encontraba hospitaizado) y  sólo con el guitarrista Jeff Kendrick, la fuerza y contundencia del sonido fue excelente a lo largo de rolas que combinan el Thrash, el Death, el Groove y el Heavy Metal. El baterista John Boecklin dio una muestra de cómo se fusiona la velocidad frenética de los bombos, el blast, la progresión de los golpes y el feeling groovie. En algunos momentos, sonaban riffs que casi rayan en los ritmos del hip hop, para luego regresar a unos de esencia más punk. Esto se veía reflejado en las metamorfosis del slam, el cual intermitentemente se diluía en un mosh saltarín que hacía temblar el Circo Volador. A pesar de que el sonido del DevilDriver era demoledor y seductor para cualquier cuerpo, una buena parte del público quedó como hipnotizada, contemplando la perfecta ejecución de esta banda.

Pero nadie pudo permanecer quieto, ni siquiera saltar en su sitio, cuando sonaron rolas como “Clouds Over California”, “I Could Care Less”, “Not All Who Wander Are Lost” y “Nothing’s Wrong”. El remolino de violencia arrastró a todos con tal violencia que de él salieron tres o cuatro descalabrados y narices rotas.

Durante una hora 20 minutos, los DevilDriver, quienes han tocado ante públicos tan numerosos como los del OzzFest, tocaron con todo para el público chilango que no llegaba ni al millar. Al despedirse, Dez Fafara prometió que volverían en la próxima gira. Entonces habría que esperar que haya un público más numeroso, porque en el escenario DevilDriver es una banda excepcional, que ningún amante del metal se puede perder.

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TESTAMENT
Agosto 10, 2011
Circo Volador
(FOTOS: Toni François)

La cita se cumplió y una de las bandas más grandes del Thrash Metal (quizás no una de las “Cuatro Grandes” pero sí una de las 10 grandes) hizo acto de presencia en México nuevamente. Algunos aún recordaban aquella primera vez que tocaron en 1991 en el Ex-Balneario Olímpico de Pantitlán, cuando para sorpresa de todos, tocaron antes que las bandas abridoras (así que los que llegaron tarde por verlos sólo a ellos, se llevaron una desagradable sorpresa). Los más los recordaban en su papel como abridores de Judas Priest en el Palacio de los Deportes, en una actuación que casi le roba el show a los Dioses del Metal. En ambas ocasiones (y en todas las demás) el grupo siempre se ha presentado incompleto. En esta ocasión no podía ser la excepción. Paul Bostaph (otrora baterista de Forbidden y Slayer) era el gran ausente de este show (nadie se acordaba del baterista original Louie Clemente).

Jon Allen de Sadus sería el encargado de aporrear cueros y metales esta noche y el primero en salir al escenario. Ya se escuchaba la intro y la imponente manta que ostentaba un edificio malévolo con formas de cráneos sería el escenario donde tendría lugar la masacre. El segundo en salir fue Alex Skolnick quien se llevó una gran ovación ya que son pocas las veces que se le ha podido ver en México. Le seguirían el bajista Greg Christian y el guitarrista Eric Peterson. Para cuando apareció el gigantesco vocalista Chuck Billy el Circo Volador estalló en un huracán de aplausos.

El grupo comenzaba con “More Than Meets the Eye” perfecta para calentar el ambiente, con el público cantando los coros de cualidades vikingas.  Cientos de manos se alzaban haciendo cuernos, el foro estaba lleno a mucho más de la mitad de su capacidad. Inmediatamente asestaron “The New Order” y “The Preacher” ambas del segundo álbum de la banda, The New Order, cuando algunas publicaciones de 1988 los consideraban “un Metallica en miniatura”.

Había llegado la hora de demostrar que en México se practica lo que se predica y se armó el slam con todo al ritmo de “Practice What You Preach”. Skolnick se estaba luciendo con los solos. Chuck Billy bien podría ser un tercer guitarrista en la banda, se ponía a “tocar” en su atril recortado (muy a la usanza del de Freddie Mercury).  Seguían con “Electric Crown” del olvidado The Ritual. Eric Peterson apuntalaba bien con sus poderosos riffs, incansable el chaparrito.

Así seguirían recorriendo casi toda su discografía a lo largo de hora y media. Llegarían los temas thrasheros para la vieja guardia como “the Legacy”, “Souls of Black” con la clásica intro del bajo de Greg, “Into the Pit”, lo más Death Metal con “D.N.R.” y “3 Days in Darkness” donde Chuck pudo hacer gala de su potente diafragma y voz gutural.  Greg Christian por momentos parecía una enorme vela humana, punteando su bajo discretamente y de repente tenía momentos de locura, cantando y haciendo headbanging.

Hacia el final llegarían dos clásicos thrasheros con “Over the Wall” donde el público se hizo uno solo en el slam y coreando la rola, además de “Alone in the Dark”, ambas de su primer álbum “The Legacy”. Chuck Billy lucía feliz, no podía ser de otro modo, el público también lo estaba a pesar del cansancio. Todavía tuvieron energía para rematar con la brutal “Dog-Faced Gods” y “The Formation of Damnation”, cerrando con la clásica “Disciples of the Watch”

Así es, el reloj es un tirano y el tiempo del show había llegado a su fin. Sin duda uno de los grandes conciertos metaleros en lo que va del año y esto apenas comienza. Agosto promete ser un mes aplastante para las huestes del metal.

Más fotos de Testament aquí
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THE GATHERING
Circo Volador
Julio 8, 2011
POR: Gabriela Castillo
(FOTOS: Germán García)

Cualquiera pensaría que no vale la pena asistir al concierto de una banda cuya personalidad fue forjada por un vocalista que ya no está –como ir a ver a los Doors con Brett Scallions en los zapatos de Jim Morrison o escuchar a Paul Rodgers destrozando las canciones de Queen–. Desde que la carismática y muy deseable Anneke se fue de The Gathering para enfocarse en sus proyectos personales (su hijo Finn y la banda Agua de Annique), Silje Wergeland, una noruega de la banda Octavia Speratti y con la voz igual de aguda, tomó el micrófono, grabó con la banda el disco The West Pole y se embarcó en una comparación casi inevitable.

El 8 de Julio fue el día de la primera visita a México de The Gathering con una Silje más linda que en sus fotografías, cabello quebrado y pelirrojo y movimientos que parecen estudiados de las presentaciones noventeras de la banda. Canciones como “Saturnine”, “Leaves” y la emotiva “In Motion #1” sonaron a Anneke, e incluso alguien con astigmatismo y unas cuantas cervezas encima podría no darse cuenta de que la que está en el escenario es otra. Frank Boeijen y los hermanos Hans y René Rutten, tan discretos desde que se alejaron del Doom, se limitaron a sonreír y a tocar tan impecable como siempre. Fue su bajista, Marjolein Kooijman, la que con una enorme sonrisa se dirigió al público y, casi al final y como si fuera necesario, corrió de un lado a otro y ondeó una enorme y sobada bandera de México.

Dicen que el tiempo vuela cuando uno se divierte, y la hora y media que The Gathering dedicó se fue enseguida con “Travel”. Silje aprovechó para aclarar que es su primera vez en México, como justificando la timidez que, de cualquier modo, es compensada por su melodiosa voz. El Circo Volador, medio lleno (y medio vacío), fue testigo de una fresca y nueva etapa de la banda. Cuando regresen, ni Silje ni los que igual disfrutamos del Doom que del Trip Rock, seremos los mismos.

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MALIGNO

The Funeral Domine
Independiente, 2011
9.5 / 10
Por @LAMCH_

Parece que fue ayer cuando recibí un paquete de discos desde Monterrey. Uno de ellos mostraba un cráneo en la portada y sumándole el nombre del grupo, me pareció un cliché más en el mundo del metal. Quien me entregó el paquete me recomendó escuchar en especial ese disco y vaya que me sorprendió. Con emoción puedo ahora escuchar el tercer trabajo de Maligno y decir sin temor a equivocarme que nos enfrentamos a una banda sólida, madura y, sin lugar a dudas, de las mejores de México. The Funeral Domine es un trabajo conceptual. Es una historia de poder, traición y venganza, de acuerdo a palabras del grupo. Es una excelente producción que debe escucharse de un solo jalón pues prácticamente no existe corte entre uno y otro tema aunque cada uno de estos puede vivir por sí solo y es rápidamente diferenciable de todos los demás, aunque los ritmos lentos y pesados son los que predominan en el disco. Nueve son los, en este caso, mal llamados cortes que se pasean entre el doom y el stoner y nos hacen recordar a las bandas más grandes, pero sigue siendo Maligno. Ahí están el sonido y la actitud. Corregidos y aumentados. Como regalo, el trabajo tiene de invitados a Rodrigo y Gabriela y al maestro Alex Skolnick. No se puede hablar de un tema en específico pues The Funeral Domine es como una gran canción de inicio a fin. Háganse un favor y así apoyan al VERDADERO rock nacional. No le pongo 10 de calificación porque el 10 es para los dioses y estos no existen.

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SLAYER
Palacio de los Deportes
Junio 21, 2011
(FOTOS: Toni François)

La hora marcada había llegado. Las 20:30 era el momento en el que todas las huestes metaleras se reunirían para celebrar una vez más el rito satánico y violento que implica estar en concierto de Slayer.

Desde temprano había ya bastante gente en los alrededores, alcoholizándose (“precopeando” para ponerlo más elegantemente), con los precios exorbitantes de la cerveza en el local (una caguama, llena de espuma en un vaso desechable $100, ¿agua? $30 del águila) no dejan más opción que llegar ya estado inconveniente-jaladón. Mucha gente se había quedado sin boleto, y los revendedores estaban desesperados tratando de comprar cualquier boleto para hacer un negociazo. En las inmediaciones del metro Velódromo, varios revendedores cazaban a los que bajaban de los vagones en busca de un boleto, incluso había uno que se ufanaba diciendo “pago caro ¿eh?”. Días antes boletos que en taquilla costaban $480 en la reventa se cotizaban en $800 y el día del show subieron hasta $1300 (todo esto a plena luz del día y con policías prácticamente en la cara de quienes incurren en una practica que se supone es “ilegal”).  Malamente la reventa provoca que muchos vivales hagan transas como vender boletos falsos en $1500 como le ocurrió a varios. Sin embargo, quienes pagaron el encarecido boleto (si les auténtico) afirman que el desembolso valió cada centavo (aunque se siga fomentando esta artera práctica que deja a los verdaderos fans sin boleto).

Abriendo las hostilidades estuvieron los regiomontanos Avatar, con su estilo basado en el doom e influencias de metal melódico. El sonido en cuanto a volumen, maldición de las bandas abridoras, no fue el adecuado para dejar apreciar todo el potencial de esta banda. La banda cumplió con su set de casi media hora, tratando de calentar los ánimos. La enorme mata de Jesús Guzmán (a quien conocimos cantando alguna vez en Toxodeth) se movía al compás de los riffs proporcionados por Reyes Amaro y Juan Lara al bajo y guitarra respectivamente, mientras Rubén Beltrán sostenía todo con sus golpes precisos. La gente los respetó y en algunos momentos hasta los vitoreó como cuando Jesús hizo uno de sus sorprendentes agudos King Diamondescos. Pero el show era de Slayer y la gente ya estaba impaciente.

Media hora después se encumbraba la enorme manta en blanco y negro del gigantesco logo de Slayer. Comenzaba a sonar la introducción de la brutal “World Painted Blood” y de inmediato se desató un pandemónium, no porque hubiera un brutal slam como podría esperarse, sino porque todos los pubertos fans nuevos, que no tienen ni idea de qué hacer en un concierto de metal (y menos en uno de Slayer) comenzaron con los abominables brinquitos de tocada de ska y a bambolearse en masa hacia todos lados. Sólo existían constantes apretujones y una masa sin sentido, pensaba que seguramente había algún muerto por aplastamiento. Así fue durante las siguientes piezas: “Hate Worldwide”, “War Ensamble” (en la que Tom Araya se dirigió en español chileno al público), “Postmortem” y la ya olvidada “Temptation” directo del Seasons In the Abyss.

Fue hasta que llegó “Dittohead” que a alguien se le prendió el foco (o se acordó del video) y comenzó por fin el slam, en un circulo violento de madrazos y empujones por doquier. Ahora sí ya estábamos en una tocada de Slayer; las matas volaban por doquier, ya se veían algunos brotes de sangre, ropa desgarrada (había un tipo con todo el pantalón arrancado, nomás lo dejaron en un semi-short). Habían sido seis largos años de ausencia, así que era momento de desquitarlos. Ya para entonces habían sonado “Stain of Mind”, “Disciple” (con todos los asistentes coreando “God hates us all!”), “Bloodline” y “Dead Skin Mask” con la cual hubo un poco de descanso.

Hasta el momento Kerry King y Gary Holt (quien venía reemplazando a Jeff Hanneman pues éste se encontraba reponiéndose de una lesión en el brazo por una picadura de araña bastante severa) se habían mostrado inclementes en la proporción de riffs. La velocidad es inaudita, más cercana al punk hardcore, pero con la fiereza de la distorsión metálica. Puede ser que Tom Araya ya no mueva la mata, pero lo que perdió en actitud escénica lo ganó en potencia vocal. Creo que nunca se había escuchado gritar a Tom como ahora, la potencia de su voz es similar a la de un trueno partiendo un árbol a la mitad. Así lo demostró en rolas como “Hallowed Point”, “The Antichrist” (en la que hizo gala de unos sorprendentes agudos, igual que los hacía en 1985), “Americon” y “Payback”.

El slam no había parado, aunque ya mostraba signos de agotamiento. Muchos de quienes se pusieron a grabar todo el concierto con sus celulares, se vieron frustrados tras el movimiento violento que provocó “Mandatory Suicide” y “Chemical Warfare” en la que Araya dejaba que la gente cantara la parte del coro, pero no obtuvo respuesta. La rola fue ligada con la poderosa “Ghosts of War” que hace mucho no tenía lugar en el setlist de la banda. Hacia la parte final, nos dejaron ir “Seasons in the Abyss”, “Snuff” y “South of Heaven”.

Sin embargo se desataría la locura máxima cuando comenzaron a sonar los primeros  tres tamborazos de Dave Lombardo y las luces se tornaron rojas, anunciando la llegada de una tormenta…¡de sangre! Era momento de devastar el Palacio al compás de “Raining Blood” y el slam cobró nuevas dimensiones y velocidad. Era una batalla vikinga, la guerra misma, una masacre por todos lados. Ahí no paró la cosa, seguían con su clásico “Black Magic” que sirvió como preámbulo para la rola final: “Angel of Death”. Y como era la última del show, habría que disfrutarla como dice por el Internet El Mamilas: “¡hasta la muerte nomás!”. La gente comenzaba a abrirse cual si fuera el mar rojo humano, se preparaba una brutal Wall of Death, un choque bestial de dos bandos, sin piedad, sin miramientos. Cuando sonó el “Aaaaaaaaaaaaaaaaaaah!” de Tom Araya, fue la señal para que todos se despedazaran y aquello era una verdadera hecatombe. Después se retomó el slam y así duró hasta los acordes finales de la rola.

Uno de los mejores conciertos de metal en lo que va del año sin duda. El sonido fue extrañamente y afortunadamente impecable y bestial, con altísimo volumen. Es Slayer: la banda más pesada y brutal sobre la faz de la tierra. Punto.

Más fotos de Slayer aquí

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RED FANG

Murder the Mountains
Relapse Records, 2011
8/10

Tal vez muchos de ustedes conocen a Red Fang por sus videos, los cuales son bastante graciosos y deberían ganar todos los premios a la comicidad que existan. Sin embargo Red Fang no es una banda “chistosita”, son un cuarteto de malamadres que hacen un rock muy pesado con algunos destellos pachecos propios del Rock Sureño y el Stoner Rock. Si escuchan este álbum sin ver alguno de los videos, no tendrán el prejuicio de la risa y se darán cuenta que son una bandota megapesada que puede hacer volar las bocinas del reproductor donde lo pongas. La voz del vocalista David Sullivan de repente recuerda al Spike de la Mushroom River Band y Kayser (ex-Spiritual Beggars) y echa buenos gritos rasposos también. Las guitarras riffean machacantemente, creando por momentos buenos pasajes melódicos también. Bajo con distor, nunca puede fallar. El baterista es cumplidor, no virtuosea sino que sirve con los golpes precisos a las rolas. Si les gusta lo pesado y estruendoso sin ser satánico o heróico, este álbum los mantendrá felices por mucho tiempo. Chida portada por cierto, consíganlo en vinil, vale mucho la pena.

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SABBATH FAQ

David Popoff
Backbeat Books, 2011

David Popoff es uno de los más grandes fans de Black Sabbath en el mundo. Tal es su amor por los padres del Metal y la oscuridad que se dio a la tarea de escribir un primer libro titulado Doom Let Loose, en el que analiza a detalle la relación de esta banda con las contemporáneas aglutinadas en el género del Doom Metal además de proporcionar una magnífica biografía, para muchos la más completa hasta el momento.

Pues bien, ahora Popoff nos hace una nueva entrega donde devela todos los misterios que rodean a los oriundos de Birmingham en base a las preguntas frecuentes que siempre han perseguido a la banda.

Sería una necedad tratar de describirles el libro en su totalidad, sin embargo, el indice de capítulos les puede dar una mejor idea de lo que se van a encontrar en él. Contiene un magnífico prólogo escrito por Brian Tatler, guitarrista y fundador de los no menos legendarios Diamond Head. Aquí una muestra:

“What is this that stands before me?”
Fechas importantes de la historia de Black Sabbath

“Well, we can’t tell you that.”
Black Sabbath firma con Vertigo Records

“The Rebel, take million twelve”
Los primeros demos de Black Sabbath

“The Mob Drools”
Una muestra de los discos de colección de Black Sabbath

“Joe Pass For 100 Quid, Alex”
Las influencias iniciales de Black Sabbath

“Majors & Minors”
Aquellos que cantaron en Black Sabbath

“Bonham and Ozzy used to be the loudest two”
Una plática con Norman Hood

“I’m the Witchfinder General!”
Black Sabbath inspira un género llamado Doom Metal

“I don’t hear a single.”
El Top 30 de tracks oscuros de Sabbath

“Creepy Competition”
Black Sabbath, Black Widow… ¿Cuál es la diferencia?

“Wicked World: Geezer The Peacenik”
Geezer Butler sobre la guerra

“The opening act on that show was Bruce Springsteen.”Bandas que compartieron cartel con Sabbath al comienzo

“Thrilling Billing”
Compañeros de tour a través de la historia de Black Sabbath

“Our new single… this is called Supertzar. Everybody sing along!”
Canciones que Black Sabbath nunca tocó en vivo

“Oh no you’re NOT buying that!”
La historia detrás del arte de la portada de Sabbath Bloody Sabbath

“Runnin’ With The Devil”
El controvertido tour con Van Halen

“Black Sabbath’s Knob Jobs”
Los albumes de Sabbath clasificados por calidad de sonido

“The Infamous Black And Blue Tour”
Black Sabbath vs Blue Oyster Cult

“Roomful Of Blues”
Los estudios donde Sabbath grabó

“Headbangers Rock The Vote”
Lo mejor de Sabbath escogido por Minions

“Puccini in Chains”
El alguna vez manager de Black Sabbath Sandy Pearlman se hinca ante sus subordinados

“The boys are in the kitchen having a little chat.”
Craig Gruber sobre el nacimiento de Heaven & Hell

“That’s A Wrap!”
Las portadas de Black Sabbath calificadas

“Doom Gone Solo Pt. 1”
Miembros fundamentales de Sabbath y sus logros como solistas – Timeline

“Doom Gone Solo Pt. 2”
Miembros fundamentales de Sabbath y sus logros como solistas – Una crítica

“Next on American Bandstand, a kooky bunch all the way from England…”
Las sorprendentes 20 canciones de Black Sabbath amigables para la radio

“Math Pt. 1: Plaque Sabbath”
Algunos números de ventas de Sabbath

“Math Pt. 2: With A Bullet”
Posiciones de Black Sabbath en las listas de popularidad

“Slack Babbath”
18 bandas nombradas como canciones de Black Sabbath

“They wrote every single good riff… ever.”
Alabanzas a Sabbath de los grupos de Nativity In Black

“Fancy A Blow?”
Apariciones especiales en los discos de Black Sabbath

“Cross Pollinated Purposes”
Canciones de Black Sabbath que suenan a otras canciones de Black Sabbath


6 Comments

  1. 17 junio 11, 1:39pm

    red fang es una bandota de weyes desenfadados y comodones , sin ninguna bandera que los distinga , solo son una banda bienpesada de rock !!!!!!!, felicitaciones por el nuevo dominio yeahhh rock!!!!!!!!!!!!!!!! lm/,

  2. Alejandro
    11 agosto 11, 8:37pm

    En la visita anterior de Testament a México, Salon 21 en Septiembre 2009, si venían completos, fué en aquel polémico Mezcal Metal Fest. Con Judas Priest vinieron en 2008.

  3. 17 septiembre 11, 1:39pm

    Excelente reseña del concierto de The Kills, aunque no pude asistir me hiciste sentir como si estuviera ahi mismo, esperemos que vengan de nuevo pronto para ahora si disfrutarlos como se debe, chingon sitio eh

  4. 19 septiembre 11, 1:50am

    [...] Si quieren leer toda la reseña del concierto, les dejamos la narración de @ElPatasNet ilustrada con fotos de Toni François sólo tienen que dar click aquí. [...]

  5. Alain
    27 octubre 11, 2:52pm

    Maravillosa reseña¡¡¡ del toquin de Poison Idea Profesor Patas
    no puedo estar mas de acuerdo y aunque tengo 18 años tal vez no sepa o sienta del todo lo que mencionas
    pero creci escuchando rock,punk,metal y blues
    gracias a un tio y de cierta forma se siente esa nostalgia

  6. 03 noviembre 11, 12:02am

    Super chidas las reseñas… esa de Ozric… ya quiero regresar al DF… por acá no más nada chido… saludando desde Mty

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